Un lloriqueo muy largo

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Humberto Vacaflor Ganam

Han pasado dos años y meses desde que el cocalero Morales renunció a la presidencia y huyó del país, pero el lloriqueo sigue intacto, por parte de él mismo y de su equipo judicial pagado para la venganza.

Sigue el fiscal general ordenando juicios contra funcionarios del gobierno que tuvo que tomar las riendas del país después de la fuga del presidente y su vicepresidente, más la renuncia de todos los masistas que hubieran podido reemplazarlos.

Si en 1966 el doctor Victor Paz Extenssoro hubiera seguido llorando por haber sido derrocado el 4 de noviembre de 1964, se le hubieran reído en la cara.

René Barrientos, el derrocador, ya había hecho elecciones para ese momento y el país había entendido que el gobierno del MNR quedaba para la historia como un “caso cerrado”. Borrón y cuenta nueva.

Pero ahora, cincuenta años después, hay un plañidero que tiene una orquesta de fiscales y jueces pagados por el Cártel del Chapare, que pretende convencer a los bolivianos de que los hechos históricos pueden ser revertidos.

Es él y su equipo judicial de la venganza los únicos que recuerdan 2019 y el caso del presidente que fugó perdiendo los calzoncillos, y culpa de ello a quienes tuvieron que enfrentar el vacío de poder.

Una señora que estaba en su pueblo beniano gozando del clima recibió entonces una llamada de La Paz: debía presentarse en esa ciudad para asumir el cargo de presidente, en vista de que el titular había escapado.

Dos masistas se borraron de la sucesión. La presidente del senado, Adriana Salvatierra, paso, como en el póker, y el presidente de diputados, Sergio Choque, dijo que los escapados eran unas ratas.

Pero el cocalero ha decidido ordenar a sus escribas, fiscales y jueces, reescribir la historia antes del momento en que abordó un avión mexicano para huir. No escuchó a su principal asesor, el embajador cubano, quien le dijo que no debía ni renunciar ni escapar. Escuchar los consejos de un castrista deber ser cosa obligatoria para quienes quieren quedarse en la presidencia por décadas. Pero en este caso pudo más el miedo, la cobardía del que ahora ordena la detención de civiles y militares y se lo ordena a fiscales y jueces que están en la planilla del Cártel del Chapare.

Si todos los presidentes que no terminaron su mandato en este país hubieran tenido la persistencia en castigar a los responsables de sus derrocamientos, los juzgados de Bolivia no darían abasto.

Lo que debe hacer ahora el cocalero es callar, retirarse de la política, porque nunca más volverá a la presidencia, y ordenar a sus jueces lacayos que liberen a los presos políticos, comenzando por la beniana que mostró tener más agallas y dignidad que él, porque no huyó.

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