Los puentes de Santa Cruz

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Humberto Vacaflor Ganam

La historia formal ha decidido dejar en la nebulosa la historia del ingeniero Mario Foianini Lozada, que construyó entre 1996 y 1999 el puente que une a Santa Cruz con el Urubó y Porongo.

La historia, como se sabe, la escriben los vencedores. Y este caso no es la excepción.

Foianini construyó el puente cometiendo un grave pecado de lesa burocracia. “Puenteó” al sistema de contratos, comisiones y todas las demás linduras de la corrupción. Los corruptos no se lo perdonarían.

Sin que existiera la norma para que las obras públicas fueran hechas por los privados, construyó el puente con el que había soñado desde los ochentas. Completó el mapa de la ciudad atravesando el río. Los anillos estaban cortados por el Piraí y él decidió completarlos. La ciudad de los anillos debía ser completa.

La alcaldía le autorizó y aceptó la condición que él había puesto: que recuperaría su inversión cobrando por el uso del puente.

Lo hizo con un excelente diseño, con cálculos sobre resistencia de materiales tan buenos que en este momento sirve a 20.000 vehículos por día, mucho más que los 3.500 calculados en principio.

El puente estaba completo. Se estaba abriendo el radio de acción de los cruceños y de todos los bolivianos del otro lado del Piraí.

Fue cuando la alcaldía le dio el golpe más duro. Foianini no podía cobrar el peaje. Le cortaron las alas.

Un método que se usa en Chile para casi todas las carreteras: los privados construyen y durante 20 años recuperan la inversión, antes de que la obra pase a las manos del Estado.

Debía 10 millones de dólares a los bancos. Y no podía pagarlos. La burocracia corrupta lo había puesto entre la pared y la espada. O directamente en la cruz.

Él se fue orgulloso. No les dio a los corruptos el gusto de verlo preso. Les había hecho un corte de manga. Se fue. En el idioma de sus ancestros les dijo: “va fan culo”.

La empresa privada boliviana debería tenerlo como su héroe. Como el Avaroa que en el puente del Topáter dice yo no me rindo, carajo.

Su ejemplo ha cundido. Los empresarios cruceños han hecho la feria más grande de esta parte de Sudamérica. Es otro puente que se pasa por encima de los burócratas.

No hay comisiones. No hay sellos que aprueben trámites. Es el liberalismo.

Siglo21bolivia.com

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