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miércoles 12 de agosto, 2020

Nuestras falencias

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Humberto Vacaflor Ganam

¿O sea que no podemos hacer una revolución para despedir a un dictador sin que nos falte la carne de pollo?

Aquí hay una dependencia de la que no sabíamos. O de la que nunca habíamos tenido conocimiento.

Los pollitos bebe llegan de Brasil en avión. Son alimentados, muy aprisa, en todas las granjas de pollos en Bolivia y luego los once millones de bolivianos los podemos comer.

Pero ahora falla toda esa cadena. Esto es peor que los hornos de fundición de estaño, o de zinc, o las plantas separadoras de gas que justificaron tantas revoluciones y cambios de gobierno. Esta es una dependencia que llega a nuestras mesas.

La revolución de octubre deja, por lo tanto, una tarea muy clara a los empresarios nacionales: deben resolver el problema del abastecimiento de carne de pollo. La tecnología no tiene que ser muy difícil. Porque, como se sabe, la participación del gallo ha sido descartada. Un caso de discriminación “de género” del que nadie quiere hablar. Las feministas, esas flores sin regar, como las define un poeta peruano, nada dicen.

Una revolución que ha mostrado tantos huevos, no puede tener problemas con los pollitos. Alguna solución tendría que haber. Sobre todo ahora que las condiciones para la inversión van a ser contrarias a las del régimen de los fugados.

Estamos exportando carne de res a China, o por o menos eso decía la propaganda del gobierno que se dio ala fuga, pero ocurre que no tenemos seguridad alimenticia en carne de pollo.

El anterior régimen gastó 4.000 millones de dólares en propaganda desde 2006 hasta hace un mes. Si se invirtiera una décima parte de ese monto en la industria avícola, los bolivianos habríamos resuelto este problema.

Podemos exportar pacú, que se produce en Santa Cruz y Cochabamba, pero no tenemos seguridad con el pollo. Las verduras llegan de todos los valles, incluso de los peruanos, pero el país tiene la falencia de los pollos.

Y luego, gracias a este momento, se puede detectar algunas otras falencias. Por ejemplo, faltan las piñas que se producen en Chapare, ese territorio que ha decidido excluirse de la geografía de Bolivia porque el jefe cocalero huyó.

Por el momento, las exportaciones de droga desde Chapare están normales, gracias a las pistas clandestinas. Si las bombardearan, como hacen en Perú, quizá la producción legal pudiera ser una buena alternativa.

Siglo21bolivia.com

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