viernes 29 de mayo, 2020

La guerra civil

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Humberto Vacaflor Ganam

Sólo falta que alguien lo admita. El país está en guerra civil.

Todas las ciudades están levantadas contra el gobierno del cocalero Evo Morales, y él ha decidido enfrentarlas usando todas sus armas y sus aliados, que cada día le resultan más caros.

No es solamente una guerra civil boliviana, es una escaramuza del juego de dos frentes internacionales, aunque uno de ellos no lo haya advertido todavía.

El cocalero recibe mensajes del presidente de México, que ha entregado su país a los cárteles del narcotráfico, de Alberto Fernández, que se apresta a poner en libertad a la narcotraficante Milagro Sala en Jujuy, de Nicolás Maduro, socio en el tráfico de la droga, y de los cubanos.

Desde más lejos, desde Moscú, Vladimir Putín pide que se respete el triunfo del cocalero cuando tiene cortado el servicio de internet a rodos los rusos,  mientras el primer ministro chino ha optado por callar en vista de la sensibilidad de las negociaciones comerciales que tiene con Estados Unidos. Desde Irán, el régimen terrorista, el mayor aliado del cocalero, no se ha dicho nada todavía abiertamente, pero se sospecha que grupos armados de Hesbhola presentes en Bolivia están decididos a actuar cuando fuera necesario.

Las FARC tienen sus brigadas internacionales operando en Bolivia mientras protegen sus canales de recolección y tráfico de droga. No quisieran que esta fuente de financiamiento se interrumpiera.

Del otro frente internacional, los bolivianos no reciben ayuda clara de ningún gobierno: sólo gestos de solidaridad que repudian el fraude electoral. Hay cierta indiferencia del frente occidental frente a este atropello del eje musulmán-comunista.

Después de anunciar el cerco de las ciudades, el cocalero pide a sus seguidores que se movilicen para defenderlo. Los primeros que escuchan su pedido son los campesinos de Cochabamba que han decidido cortar el agua potable a esa ciudad.

También tiene el apoyo, por supuesto, de los cocaleros del Chapare, que están sufriendo porque las vías de exportación de droga hacia Brasil están bloqueadas, y sólo les queda hacerlo por vía aérea.

Recibe el apoyo, algo desganado, de parte de los militares, que tienen la solución en sus manos pero que todavía no la quieren usar.

Los policías juegan a retacear sus lealtades, en espera de que la balanza se incline para algún lado.

Pero el país está en guerra.

Siglo21bolivia.com

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