lunes 1 de junio, 2020

La era del cinismo

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The Economist comenta esta semana la situación de Hungría, donde un gobernante que llegó al cargo en 2006 ha decidido mantenerse usando todo tipo engaños a las leyes, a las instituciones y a la gente.

EL ESPEJO DE HUNGRÍA

Los parecidos con Bolivia sin asombrosos: el partido Fidesz, dice la revista, ha usado su mayoría parlamentaria para adueñarse a las instancias de fiscalización, dominar los negocios, controlar la justicia, comprar los medios de comunicación y manipular las reglas electorales.

No tienen los húngaros un cocalero de presidente, sino a un tal Víktor Orban, igualmente cínico, quien no tiene que violar las leyes, porque cuenta con un parlamento sumiso, ni necesita policía secreta para poner a sus enemigos detrás de rejas en horas de la noche, seguro de que el periodismo domesticado no dirá nada porque está controlado por la oficina de impuestos… Hungría es un país sumiso, un país de un solo partido. En el fondo, lo que ocurre en Hungría es que se ha convertido en el reinado del cinismo.

Y EN OTROS PAÍSES

Esto se da, dice este semanario, no solamente en países como Hungría o Polonia, sino en democracias más importantes, como la británica o la norteamericana. No serán países de un solo partido, pero están mostrando señales de degradación. Cuando el cáncer se ha instalado, es muy difícil erradicarlo. El artículo tiene como título “el enemigo de adentro”.

La visión derrotista de la revista se da cuando el “Brexit” ha creado una situación desesperante, en que el primer ministro Boris Johnson se ha propuesto cerrar el parlamento por unas semanas a fin de conseguir un alejamiento no pactado de la Unión Europea, sabiendo que eso podría provocar una crisis insoportable en lo económico y comercial, además de quebrar el Reino Unido.

ERA DEL CINISMO

Esta admisión de que el mundo está viviendo “la era del cinismo” llega cuando en Bolivia el gobierno de EMA usa armas innobles y muy cínicas para enfrentar el desprestigio que le llega de los feroces incendios forestales provocados por una combinación de intereses empresariales y políticos que tomaron la forma de un decreto supremo, el 3973, firmado por el presidente y sus aliados políticos.

El aparato del cinismo, operado por el propio presidente, ha llegado a decir que son los partidos de oposición los que mandan jóvenes a provocar incendios, que deben ser controlados por el propio líder cocalero disfrazado de bombero. 

CAMPAÑA ARDIENTE

Declara una pausa en la campaña electoral sólo para la propaganda, porque por otro lado no interrumpe sus gastos de proselitismo. Acepta ayuda internacional aunque la frena en la práctica, mientras los asentamientos de pueblos andinos avanzan en la geografía arrasada por el fuego, en lo que algunos dirigentes cruceños llaman “el acarreo de votos”. Las tierras quemadas siguen en oferta para los “colonos” llegados de otras regiones del país y también para los “ganaderos” que deseen aumentar sus hatos vacunos para exportar carne a la China.

El plan de ocupar esas tierras no ha cesado ni siquiera cuando los incendios han hecho del país un territorio infernal.

Chinitos comen carne

Humberto Vacaflor Ganam

Uruguay está importando carne de vaca como nunca jamás en su historia. Sólo en julio las importaciones de carne de res sumaron 3.000 toneladas.

Esto parece una paradoja. Equivale a decir que Paraguay importa yerba mate, o Bolivia importa cocaína. (Antes se podía decir: o Bolivia importa estaño).

Los uruguayos nunca usan carbón en sus parrilladas: solamente leña, que se va haciendo brasa en unas parrillas diseñadas para ese efecto.

Pues ahora en esas parrillas están comiendo carne de Argentina, Paraguay y Brasil. Porque la carne del ganado uruguayo ha sido contratada por los chinos.

En este momento, dicen las estadísticas, cada chino come 6 kilos de carne por año, lo que revela que los miembros del partido comunista chino están comiendo muy bien, a tal punto que, compartido con los 1.300 millones de chinos, sólo para las estadísticas, da 6 kilos para cada uno.

En cambio, los uruguayos tienen un consumo de 60 kilos cada uno por año, de cualquier partido lema o sublema que sea. Es que ellos son solamente 3 millones de habitantes, aunque tienen 13 millones de cabezas de ganado, dice un reportaje de Reuters.

Algo han encontrado los chinos en la carne uruguaya que les gusta mucho. Dice el reportaje que quizá sea la dieta de las vacas: pasturas naturales, sin harinas de engorde ni hormonas.

Los uruguayos se pueden dar el lujo de exportar su carne de res y comprar otra, para sus parrillas, que sin ser tan buena como la de sus hatos, sirve más o menos. Es que la carne uruguaya vale 4 dólares el kilo en el mercado internacional y las de Argentina, Brasil o Paraguay solamente 2,60.

Son detalles que deberían tomar en cuenta quienes festejan la exportación de un poco de carne de res de Bolivia a la China. Habrá que ver si el mercado interno podrá ser abastecido con otras carnes, en el caso de que los chinitos prefieran la nacional.

Pero mi temor es que si se diera el caso, y los chinitos quisieran comer carne de res todos ellos, y no sólo los del partido comunista, toda la tierra apta para la ganadería de Sudamérica no daría abasto. Los 1.300 millones de chinitos necesitarían que desaparezcan los bosques y que en esta parte del mundo sólo existan pasturas para el ganado. Pero no bastaría.

Habría que quemarlo todo. La idea del gobierno del MAS, de quemarlo todo, es una demostración de un frío criterio de mercado.

Siglo21bolivia.com

2 septiembre 2019

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