SI RESUCITARA EL M.A.S…

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Humberto Vacaflor Ganam

Los dirigentes del MAS han llevado a ese partido a un punto en el cual sólo le queda pasar a mejor vida y, de paso, dejar mejores días para los bolivianos.

Las acusaciones sobre hechos de corrupción que se hacen los masistas le han ahorrado el trabajo a la oposición, que ahora sólo debe prepararse para el futuro.

La única esperanza que tiene el partido condenado por sus propios pecados es que los bolivianos hayan perdido la capacidad de discernir entre el bien y el mal.

Si las acusaciones contra los masistas de parte de sus rivales masistas no fueran razones suficientes para que los ciudadanos condenen a ese partido para siempre, el MAS podría tener esperanzas de recuperarse, de resucitar.

Uno de los frentes del masismo ha percibido esa posibilidad y, muy previsor, trabaja para el futuro, pero de un modo muy propio de ese partido.

No quiere purgar sus pecados, admitir que su plan fue destruir el país, acabar con sus instituciones: se propone hacer que los ciudadanos acepten la amoralidad como nueva norma de conducta.

Es curioso que ninguno de los bandos del masismo proteste o por lo menos niegue las acusaciones de corrupción que recibe de sus rivales dentro del partido.

Los dardos que se han lanzado hicieron blanco incluso en los hijos de los que se disputan la dirección del partido, pero ninguno de los aludidos ha protestado.

La esperanza de recuperación del MAS está confiada, por lo tanto, en que los bolivianos hayan sido ganados por el mal.

La corrupción no es un pecado descalificador dentro del MAS. Sus militantes, por lo menos en las altas esferas, dan la razón al presidente mexicano: “sin corrupción no hay gobierno”.

Es el resumen más sincero de la política del socialismo del siglo XXI. Ellos trabajan sólo para enriquecerse usando la corrupción como herramienta.

Carlos Romero, el exministro masista, lo repite a diario: el gobierno de Luis Arce ha superado a la primera gestión del partido y ahora practica la mega-corrupción.

Pero hay un indicio favorable a la resucitación del MAS: ninguna institución, ni la contraloría, ni la procuraduría, ni la justicia se han enterado de estas denuncias.

Había que llevar estos cargos a un tribunal, para un fallo, pero no ocurrió nada, lo que muestra que la filosofía del mal ha ganado terreno.

El único indicio que permite sospechar que el partido del mal se acabó, se metió en la tumba cavada por sus propias manos, son las encuestas.

Diferentes mediciones de las preferencias de los bolivianos confirman las predicciones de que obtendría entre 17% y 20% de los votos.

Eso, por supuesto, sin el fraude, lo que muestra que es imprescindible extirparlo del sistema electoral. Tarea urgente para quienes desean enterrar al monstruo y sacar al país de esta pesadilla.

Siglo21bolivia.com

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