viernes 29 de mayo, 2020

Mala hora y vacas flacas

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Es tarde para lamentarse, como se dice. Pero qué bueno hubiera sido que el dinero del auge de la materias primas hubiera sido manejado por gente inteligente o por lo menos honrada, y no los masistas que hicieron el mayor festín de la corrupción de que se tenga memoria.

Un recuento de las partidas destinadas a cada ministerio desde 2006 hasta 2018 da las siguientes cifras: Salud Bs 13.355.426.448,  Educación Bs 13.027.370.002, Comunicación  (propaganda) Bs 27.481.000.554.

Primera observación: salud y educación recibieron la mitad del dinero destinado a propaganda. Y el monto de la propaganda, traducido a dólares, da 4.000 millones.

Salud pudo haber tenido el doble de recursos y en este momento el país no estaría lamentando lo del dengue y el temible coronavirus, pero el gobierno del cocalero ahora prófugo prefirió destinar esos recursos a propaganda.

Invertir 4.000 millones de dólares en propaganda supuso el control más grande de medios de comunicación de que se tenga memoria, con diarios y canales de Tv comprados por testaferros, con otros canales comprados mediante métodos mafiosos, la compra de silencios de algunos medios “independientes”, el cumplimiento estricto de unas “listas negras” con nombres de quienes no debían figurar ni en las noticias y mucho menos estar en las columnas de opinión.

Una observación técnica, de costo-beneficio, diría que los 4.000 millones de dólares fueron mal invertidos porque, de todos modos, el MAS tuvo que hacer fraude en las elecciones de 2014, en otras elecciones, y en el referéndum de 2016 para reducir los 16 puntos de diferencia entre el NO y el SI. Con semejante cantidad de dinero una empresa seria hubiera conseguido mejores resultados, comenzando por ganar elecciones. El partido del cocalero tuvo que hacer fraude para tener dos tercios en el parlamento, ¡habiendo gastado 4.000 millones en propaganda! Corruptos e ineptos.

El país acaba de librarse de la dictadura corrupta pero le ha de costar librarse de las herencias dejadas por esa dictadura, como un sector de hidrocarburos destruido, YPFB convertida en una empresa importadora, Comibol en estado de coma, las millonarias inversiones produciendo pérdidas, como el caso de los teleféricos de La Paz que arrojan un déficit de 120 millones de dólares por año.

O el ícono de la corrupción: Bulo Bulo, la planta de urea que costo otros 1.000 millones de dólares y que en los dos años que funcionó tuvo una pérdida de 43 millones, por lo que el nuevo gobierno tuvo que pararla.

Los juicios que deben hacerse a los corruptos no devolverán el dinero al país. Pero quizá sirvan para que los ciudadanos aprendan que no se puede poner las riendas del país en las manos de corruptos.

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