viernes 29 de mayo, 2020

Misterios de una encuesta

0

Una encuesta difundida por tres canales de Tv detectó las preferencias del electorado cuando faltan once semanas para las elecciones generales del 3 de mayo.

Se están haciendo apresuradas lecturas de esta encuesta, casi todas tremendistas o derrotistas, aunque algunas apuntan al hecho de que los resultados no son del agrado pleno de uno de los canales de Tv que organizaron la consulta.

Es oportuno, por lo tanto, leer las cifras con calma, asumiendo que sean reflejo del verdadero equilibrio de preferencias que se da en este momento en el electorado.

Habrá que recordar, en defensa de las encuestadoras, que el nivel de fraude que se da en el sistema electoral boliviano hace imposible o por lo menos muy difícil que las preferencias detectadas antes de la votación tengan algún grado de aproximación a los resultados que se vayan a dar en el escrutinio final.

Pero se trata de una primera encuesta y merece la pena observarla sin apasionamientos.

El candidato del partido cuyo jefe es acusado de haber ordenado el mayor fraude de la historia de las elecciones bolivianas encabeza las preferencias: de cada diez ciudadanos, tres votarían por él, dice la encuesta.

Esto debería ser analizado con mucho cuidado. Y habría que preguntarse cómo es que el partido que tiene dos tercios del parlamento no tiene el apoyo de siete de cada diez ciudadanos.

Esa tendría que ser la preferencia –siete de cada diez– de un partido que decía ser mayoritario antes del 10 de noviembre, cuando su caudillo huyó cobardemente y evitó que se diera una segunda vuelta. Pero sólo es apoyado por tres de cada diez ciudadanos.

Esto podría tener dos explicaciones, por lo menos. Que el partido en cuestión se ha derrumbado en las preferencias de la gente, sería una primera explicación.

La segunda explicación es más complicada. Y cuestiona los dos tercios que tiene ese partido en el parlamento cuya vigencia ha sido ampliada. ¿Tuvo, de veras, ese partido, dos tercios de votos en las elecciones de 2014?

Y si no es así, ¿cómo se explica que con solamente 30% de los votos haya obtenido 70% de los escaños del parlamento?

Lo que lleva a una pregunta todavía más preocupante, porque alude al futuro: ¿Vamos a ir a nuevas elecciones con ese mismos sistema de asignación de escaños, tan defectuoso?

Se suponía que Bolivia había pasado una página negra de su historia cuando expulsó al dictador cocalero y que debía reorganizarse, comenzando por corregir las cosas que estaban mal en el sistema electoral, en la geografía electoral.

Si estuviera en las manos del Tribunal Supremo Electoral corregir esa aberración, tendría que hacerlo e informar a los bolivianos que a partir de ahora cada ciudadano es un voto y así es contabilizado en las elecciones.

Eso daría confianza a los electores.

Porque resultaría desalentador saber que otra vez se dará el caso de que algunos votos valen más que otros, en un sistema que es un fraude de entrada, un fraude preconcebido y que está empotrado en el sistema electoral. No se necesita manipular las actas: es el valor específico de cada voto el que ha sido adulterado, manoseado, en este sistema, que es idéntico al que se aplica en Venezuela.

De algo valen las encuestas, incluso si son mal hechas.

COMPARTIR.

DEJA UNA RESPUESTA