El magistrado Gualberto Cusi denunció que el Ejecutivo influyó en un fallo del Tribunal Constitucional sobre el caso TIPNIS pero ante la arremetida del poder masista terminó retractándose.

Se hizo famoso por sostener que él se ayudaba con las hojas de coca para elaborar sus fallos y el masismo sonrió con semejante afirmación, que ayudaba a la reputación de la coca.

Pero esta vez no hubo sonrisas cuando dijo que la ministra de Justicia y el expresidente de Diputados dictaron el fallo a sus colegas del TSC.

Todo el poder del masismo se puso en movimiento para amedrentar a Cusi, amenazándolo con destituirlo.

Cusi tuvo que presentarse a una ceremonia en que no estaba autorizado a hablar. Un periodista de radio dijo que incluso Cusi se sorprendió de las cosas que decía la carta que supuestamente él escribió para retractarse.

No escribió la carta ni pudo leerla en público porque no estaba autorizado a hacerlo.

El episodio sirvió para poner en claro que el poder del masismo es muy severo. El espectáculo del magistrado que no podía abrir la boca fue demasiado grotesco.

La idea es dejar en claro que nada es dejado al azahar. Todo es controlado. Si es necesario mostrar torpeza, se lo hace. Cusi tuvo que escuchar la lectura de una carta que supuestamente él escribió en que se decía que el poder Ejecutivo no tiene injerencia alguna en la justicia boliviana.

René Martínez, un senador masista que coordinó la influencia del Ejecutivo en el fallo del STC dijo que los contactos de la ministra y del diputado con los magistrado sólo muestra la “coordinación de poderes” que siempre debe haber en una democracia.

La exhibición de torpeza fue un mensaje claro para todos los masistas que estuvieran pensando en sacar los pies del plato.

 

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