En Santa Cruz, el departamento que separa al Chapare de Brasil, fueron destruidas 230 fábricas de cocaína en dos días de la semana pasada.

Al mismo tiempo, trece narcotraficantes peruanos fueron enviados desde Santa Cruz a las cárceles de Chonchocoro (La Paz) y Cantumarca (Potosí).

Como si los hallazgos hubieran estado esperando para que se den en esta temporada, las tropas de la FELCN han encontrado fábricas casi puerta tras puerta.

Las avionetas brasileñas que entran en territorio boliviano para llevar la droga han creado una especie de “puente aéreo” del que pocas naves son capturadas.

Las operaciones de la FELCN tienen más posibilidades de encontrar fábricas conforme aumentan las plantaciones de coca

Los 3.000 narcotraficantes colombianos que llegaron a Bolivia desde 2007, según lo dijo el diario El Tiempo de Bogotá, se están haciendo notar en la actividad ilegal.

El propio presidente Morales ha admitido que los cocaleros del Chapare, sus bases sindicales y políticas, no cumplen el compromiso de limitar sus cultivos a un cato por familia.

Respecto de las otras regiones donde ha cundido el cultivo de la hoja, el control tiene que ser, y lo es, menor que en el Chapare, donde incluso hay un compromiso político del presidente.

La coca y el narcotráfico siguen siendo el peor problema del gobierno de Morales, aunque en este momento los temas de política interna y externa estén acaparando los reflectores.

Los medios de comunicación, ahora controlados casi totalmente por el gobierno y sus amigos (el diario La Prensa de La Paz es la última adquisición), han recibido instrucciones de privilegiar las noticias sobre las capturas de droga y minimizar los cultivos y el narcotráfico.

Pero los países vecinos están expresando cada vez con más firmeza la molestia que tienen por la invasión de la droga boliviana.

 

Comments are closed.