Con frecuencia creciente, el presidente Evo Morales está diciendo que EEUU quiere involucrarlo con el narcotráfico, a tal punto que ha generado mucha curiosidad en el país, además de cierta inquietud entre sus seguidores.

En el curso de la semana pasada ha estado repitiendo el tema todos los días, excepto los dos que permaneció en Lima, donde mostró otro tipo de nerviosismo, después de hablar con Sebastián Piñera.

El general del laberinto: El nerviosismo principal del presidente crece al mismo ritmo que se acerca el día de la sentencia que debe dictar la jueza Úrsula Ungaro, en Miami, en el caso del general René Sanabria, que se declaró culpable de conspirar para introducir cocaína en EEUU.

Antes de viajar a Nueva York para asistir a una conferencia de la ONU, Morales reveló su preocupación de una manera dramática. Dijo que no iría a EEUU en el avión presidencial por temor a que le “planten” droga.

Ya en la ONU, Morales aprovechó todos los auditorios para decir que el “imperio” quiere asociarlo al narcotráfico. En una entrevista en CNN en español, repitió su sospecha aunque no quiso revelar cuáles eran las pruebas.

La “piña” de Piñera:
En Lima, después de hablar con el presidente del país donde Sanabria había cometido los errores que llevaron a su captura, Morales parecía petrificado. Después se supo que fue porque Piñera le habló en tono muy severo.

De vuelta en Bolivia usó los discursos que hace todos los días para repetir su temor a las acusaciones de EEUU.

Las bases cocaleras: Al finalizar la semana optó por combinar sus afirmaciones con exhortaciones a sus bases de cocaleros del Chapare a que respeten el compromiso de cultivar solamente 1.600 m2 (un cato) cada familia. De esa manera, dijo, se evitará que se los relacione con el narcotráfico.

Lo que se sabe acerca de Sanabria es que goza de la figura de “protección del testigo”, por la cual recibirá menos condena cuanto más ayude a la investigación y a la identificación de los demás culpables de la conspiración.

El miedo de los medios: Algunos medios independientes –en proceso de desaparición- han dicho que por el momento son trece las personas que habrían sido delatadas por Sanabria.

La mayoría de los medios masivos han optado por no recordar que todo este nerviosismo se produce a un mes de la sentencia que deberá recibir Sanabria. Amenazados con acciones tributarias, algunos matutinos han optado por quitar de sus páginas a los columnistas que incomodan al gobierno. (El método de la presión tributaria fue usado para provocar la venta de La Razón a capitales venezolanos en 2009.)

El control casi total de los medios de comunicación que tiene el gobierno no ha hecho disminuir la corriente crítica de la ciudadanía, lo que dice muy mal de la influencia de los medios.

La semana pasada, el ministro de comunicación, Iván Canelas, amenazó a los medios que divulguen noticias contrarias al gobierno. Pocos le han respondido.

 

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