Algo que resulta difícil entender es por qué el presidente esperó 66 días para admitir que podía descartar la cuestionada carretera por el TIPNIS.

Analista privilegiado: El periodista Eduardo Pérez, director de FIDES, muy conocedor del país y muy próximo al presidente, estuvo seguro, desde el principio, de que la carretera no sería construida por el parque.

El argumento de Pérez es que el pueblo boliviano no acepta imposiciones, ni siquiera de los gobiernos tan populares como el de Morales.

Error de marchista: El presidente conocía que las marchas indígenas generalmente terminan doblando el brazo a los gobiernos. Él mismo participó en una de ellas, con resultado favorable.

De todos modos, esta vez como presidente, se propuso contrariar a una marcha. Y puso en juego todo el peso de su gobierno, de su imagen personal y de su reputación internacional.

Derrota global: Ahora, cuando ha sido derrotado por la marcha de los indígenas del oriente, tiene un gobierno débil, además de quebrado, un nivel de popularidad muy bajo en el país y una imagen internacional desplomada.

Cuando aceptó su derrota, el presidente atinó a repetir una frase absurda: “Yo salvo mi responsabilidad”, con lo que estaba diciendo que era imprescindible que la carretera atraviese el TIPNIS, pero que si eso no es posible, él deja constancia de su posición.

El peor error: Un analista agudo pero innombrable cree que el presidente Morales ha hecho una apuesta equivocada: por su intención de convertir al Chapare en el centro del país, ha perdido los votos de La Paz y El Alto.

El cocalero Evo Morales no asumió nunca su rol de presidente de toda Bolivia y siguió actuando como el líder de los cocaleros del Chapare. La carretera fue diseñada para conectar al Chapare con el Beni y abrir el camino para la salida de los productos (legales e ilegales) al Brasil.

Eso quería el cocalero. A ese propósito se sumó el interés personal de Lula da Silva de hacer que la empresa de su yerno firme un contrato por US$ 400MM.

Aliados peligrosos: Lo que derrotó a Morales fue el evidente interés de los cocaleros y, con ellos, de los narcotraficantes, en la apertura de una nueva zona de producción de la hoja.

La cereza de la torta del TIPNIS la puso la FELCN, que el mismo 19 de octubre, cuando los caminantes estaban ingresando a la abandonada Plaza Murillo, se enfrentaron en el mero marque nacional con narcotraficantes colombianos armados.

Si había alguna duda acerca de la conexión entra la carretera cuestionada y el narcotráfico, este enfrentamiento acabó con ella.

Como en Afganistán:
Ya el año pasado, el candidato a la presidencia de Brasil José Serra había calificado a esta carretera como “a rodovía da cocaína”.

Pues bien, parece que los bolivianos están dando batalla al narcotráfico. Lo malo es que así comenzó Afganistán.

La presencia de narcotraficantes peruanos, colombianos, brasileños y mexicanos en territorio boliviano es una señal de que la política del presidente cocalero alienta e invita a todos ellos.

 

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