El embajador de Alemania , Phillip Shauer, dijo la semana pasada que resulta difícil ayudar a Bolivia.

La opinión del diplomático tiene que estar teñida por la molestia alemana por el caso de la hija de la ministra Nardy Suxo.

El uso que ha hecho el gobierno boliviano de los cargos diplomáticos en Berlín ha sido, por decir lo menos, muy abusivo.

El escándalo relacionado con la hija de Suxo nació con la denuncia de que la empleada que se llevó a Alemania estuvo en calidad de esclava.

Habrá sido esclava, pero tenía pasaporte diplomático, se supo la semana pasada.

Lo que molesta a los alemanes es que la Cancillería boliviana hubiera manejado con tanta ligereza las designaciones de la misión diplomática.

El embajador Shauer ha solicitado reunirse con el canciller David Choquehuanca, pero no ha sido atendido.

Se trataría de una protesta formal, que está frenada por este procedimiento.

En esta semana se han difundido informes sobre el lamentable estado en que se encuentra el servicio exterior. Sólo 6% del personal diplomático ha seguido la carrera que existe para este propósito. Es decir que 94% son improvisados, como la hija de la ministra Suxo o su empleada.

También se supo la semana pasada que un “diplomático” boliviano pedía limosna. Y otro que vendía “salteñas” en las oficinas de la embajada con el argumento de que el dinero que recibía no le bastaba.

 

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