En el mes de Santa Cruz han surgido claros indicios de una desaceleración del departamento que es considerado la locomotora de la economía nacional.

Locomotora dañada: Después de haber mantenido una tasa de crecimiento de 5,45% anual en las décadas de los 80 y 90, a veces el doble del crecimiento promedio de todo el país, Santa Cruz tendrá ahora una tasa de solamente 3%.

El diagnóstico surge cuando, casualmente, el gobierno del presidente Morales inaugura gigantescos silos diseñados para acopiar la producción cruceña a fin de evitar situaciones de desabastecimiento del mercado interno.

Gary Rodríguez, director del IBCE, dijo que esta pérdida de ritmo en el crecimiento se observa en una caída en la producción, la disminución de las exportaciones y, en general, la pérdida de seguridades jurídicas.

Modelo odiado: Cinco años de políticas dirigidas a debilitar a lo que el gobierno llama “oligarquía cruceña” tenían que producir sus efectos, que ahora se hacen notorios.

En 2010, la superficie cultivada en Santa Cruz decreció en 7,4%, según cifras de la CAO recogidas por Milenio en un informe difundido a propósito del aniversario cruceño.

Las relaciones de los productores cruceños con el gobierno del presidente Morales tuvieron altibajos, marcados por impulsos de acercamiento del gobernante, alternando con duras críticas y políticas agresivas.

Propiedad de la tierra: La falta de seguridades jurídicas, aludida por Rodríguez, no tiene que ver solamente con la incapacidad del gobierno de aprobar la reformada ley de inversiones, sino con políticas específicas referidas a la propiedad de la tierra.

El empresario cruceño es visto por el gobierno de Morales como su enemigo principal, por lo menos mientras mantenía una postura próxima a los movimientos indígenas.

Las políticas crediticias creadas por el gobierno parecen haber sido inspiradas en la necesidad de impulsar a los empresarios medianos y pequeños, para que compitan con los grandes.

Exportaciones vedadas: Sorpresivas prohibiciones de algunas exportaciones hicieron también su impacto. En lugar de controlar el contrabando, que se llevaba al exterior la producción destinada al mercado interno, el gobierno optó por prohibir exportaciones legales concertadas.

De ser una política coyuntural dirigida a evitar el incremento de algunos precios, la prohibición de exportar se convirtió en una norma. Igual que en Argentina, las exportaciones están prohibidas, salvo que se las autorice de manera específica.

Sorpresa desagradable: Esta política se mantuvo con firmeza hasta que los propios funcionarios del gobierno advirtieron que se estaba dañando el aparato productivo de alimentos, como se podía observar por el incremento de las importaciones.

Los pocos recursos que generan los ingresos por las exportaciones de materias primas, ahora también en riesgo, están comprometidos para la importación de combustibles y ahora también para la importación de alimentos.

Dudoso éxito:
Como política económica dirigida a debilitar a un sector de la producción, se podría decir que ha tenido mucho éxito. El problema es que se ha causado un daño irreparable.

Destruir el modelo económico cruceño, o por lo menos debilitarlo, es lo único que ha logrado el gobierno en el área económica desde 2006.

 

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