Impotente, el gobierno observa cómo los sindicalistas y los cooperativistas de Colquiri están cavando trincheras para una batalla que podría ser tanto o más sangrienta que la de Huanuni en 2008.

Batalla inminente: Los sindicalistas, que quieren que la mina sea sólo de propiedad de la estatal Comibol, han cavado las trincheras y han colocado cargas de dinamita dentro de la mina para rechazar a los cooperativistas.

De los dos frentes, el que mejor se entiende con el gobierno es el de los cooperativistas, que han llegado a comprometerse a una tregua en espera de alguna solución, pero los sindicalistas se niegan a dialogar y han dado un plazo perentorio al gobierno para que defina que la mina es sólo de Comibol. La Federación de Mineros y la COB están, por supuesto, del lado de los sindicalistas.

El ministro de Gobierno, Carlos Romero, ha sido incapaz de lograr un acuerdo entre las partes que se disputan un yacimiento de estaño y zinc evaluado en US$ 4.000MM.

Evo en persona: Lo que empeora la situación es que fue el propio presidente quien intervino en el conflicto cuando los cooperativistas habían asaltado la mina en junio pasado y fue él quien propuso la solución salomónica de entregar la mitad del yacimiento a los cooperativistas y la otra mitad a Comibol. Por esos días, la Glencore anunciaba que haría todo lo necesario para ser compensada por esa expropiación.

Como efecto de esa medida, otras minas fueron asaltadas: Mallku Cota, además de San Vicente.

Parálisis: Pocas veces se había visto con tanta claridad la incapacidad de gestión del gobierno del presidente Morales. Además, como en una cartilla pedagógica, se muestra ahora que es preciso aprobar y aplicar leyes claras para la economía.

Un parlamentario masista llegó a admitir que la falta de una ley de minería es la base de la crisis actual. Repitió que si existiera una ley, el conflicto hubiera sido controlado cuando estaba naciendo, pues los asaltantes hubieran sido expulsados por la policía.

Media mina: Pero el presidente prefirió regalar al país otro día de gloria, como se dice, y “nacionalizó” la mitad de la mina, con lo que creó el actual embrollo del que su gobierno no puede salir, pero que podría incluso agravarse hasta niveles trágicos si llegaran los enfrentamientos.

Código lento: Antes de ser reemplazado por Mario Virreira en el cargo de ministro de Minería, el sindicalista José Pimentel había dicho que el nuevo código de minería estaba avanzado en 80%. Seis años y medio habían demorado los parlamentarios masistas para alcanzar ese nivel de avance.

Virreira llegó a improvisar en esta materia al punto de decir que las empresas mineras debían pagar más de 50% de sus utilidades por concepto de impuestos. Pero los parlamentarios que elaboran el código no se inmutaron y siguieron en su lento trabajo.

El conflicto de intereses que tiene el gobierno consiste en que no desea contrariar a los cooperativistas, que son 120.000 votantes y llegan a 400.000 con sus familias.

 

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