Una severa recriminación de parte de la ONU recibió la semana pasada el gobierno boliviano por su decisión de abandonar la Convención de Viena contra los estupefacientes, mientras en el país el descontrol de los cocales se ha hecho una pesadilla.

ONU critica:
Nunca antes, desde que existe la ONU, el organismo había enviado una crítica tan dura a un país miembro (y fundador del organismo), como la que remitió al gobierno boliviano, al que recomienda “sopesar seriamente sus decisiones”.

La Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) usó el documento para recomendar a los demás países signatarios de la mencionada convención que no acepten la práctica que propone Bolivia, de salir y volver a entrar en estos compromisos.

Jugada equivocada:
La jugada que quiere hacer el gobierno boliviano, de denunciar la convención y luego volver a ella dejando en claro que no acepta la prohibición del acullico de la coca, también está equivocada, dice el experto Carlos Börth Irahola.

  • Al retornar a la convención dentro de seis meses, Bolivia volverá a estar comprometida a acabar con el acullico de la coca, y
  • Mientras está fuera de la convención, Bolivia no está comprometida ni siquiera a combatir el narcotráfico, porque ha denunciado todo el documento.

Es decir que todo este episodio no ha sido meditado cuidadosamente, como sugiere la JIFE.

Responsabilidad presidencial:
El gobierno está comprobando que tampoco la política interna para la coca ha sido meditada con cuidado: el presidente Evo Morales admitió la semana pasada que en el Chapare, los cocaleros (sigue siendo presidente del organismo sindical) no están cumpliendo el compromiso de limitar sus cultivos a un cato por familia. Repitió entonces una idea que tiene. Dijo que él “salva su responsabilidad” sobre este descontrol.

Aunque luego dijo, en el mismo discurso, que “no hay alternativa para la coca” en esas zonas y alentó a sus seguidores a ampliar sus tierras derribando bosques.

Rebelión indígena:
Esto ha creado un problema, pues los pueblos originarios del parque Natural Isiboro-Sécure no aceptan que los cocaleros se adueñen de esa zona también y han movilizado en su defensa a miles de personas solidarias, incluso de zonas altas, en una marcha de protesta.

En el frente internacional ha habido un cambio. Ahora no son solamente los países desarrollados y los organismos internacionales que exigen el control del narcotráfico: ahora son países vecinos, como Brasil, Argentina y Chile que reclaman.

Llegan los narcos:
La peor consecuencia del descontrol de los cocales es la presencia de narcotraficantes de otros países que operan en Bolivia. El diario El Tiempo de Bogotá calcula que unos 3.000 narcotraficantes colombianos migraron hacia Bolivia en los últimos cuatro años. Y ahora se sabe que Sendero Luminoso del Perú también tiene invadido el territorio boliviano con narcotraficantes peruanos que llegan custodiados por un senderista armado.

Pero también se sabe ahora que las patrullas de narcotraficantes que entran al territorio trayendo droga peruana son protegidos por algunos campesinos que se han acostumbrado a protegerlos, seguramente a cambio de algo.

 

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