El presidente Evo Morales desea identificar a sus opositores: en Asunción dijo que eran los periodistas pero de regreso en Bolivia descubrió que el peor enemigo de su gobierno es la economía.

Algo insostenible: Mientras los demás miembros del gobierno niegan que exista una crisis económica, el presidente se ocupa de recordar, de vez en cuando, que al menos la cuestión de los combustibles es insostenible.

Lo repitió ahora, como lo había hecho en diciembre pasado, y provocó nerviosismo en el mercado además de provocar balbuceos y contradicciones de sus voceros y colaboradores.

Democracia en peligro: Pero el frente de los combustibles y las insostenibles subvenciones es sólo una parte de la crisis económica que aqueja al país y que podría acabar con la democracia.

Con ingresos multiplicados por cuatro debido a los precios de las materias primas que el país exporta, el gobierno del presidente Morales se las ha arreglado para provocar el mayor déficit fiscal de la historia en números absolutos.

Errores propios: La tormenta económica que se avecina y que tiene angustiado al gobierno, aunque sólo la expresa el presidente, es mucho más amplia porque afecta a todos los frentes.

El sector productivo está dañado por los errores del propio gobierno, como lo repiten los empresarios que le recuerdan la necesidad de aprobar las leyes básicas que establezcan las condiciones necesarias para las inversiones.

Peor que socialismo: Seis años después de haber comenzado a gobernar, el presidente Morales sigue con la tentación de llevar el país hacia el socialismo, lo que es imposible de aplicarse pero suficiente para crear una paralizante incertidumbre.

Pero mientras duda sobre el socialismo, el gobierno se dedica a elevar el gasto público sin control alguno, lo que provoca un déficit que hace innecesario el socialismo para poner mal las cosas.

Perdones tributarios: Además, acaba de disponer el perdón tributario a las cooperativas mineras y lo hace cuando los precios de los minerales están seis veces más altos que los niveles tradicionales. En otros países, incluso vecinos, cuando hay ingresos extraordinarios los impuestos suben, y no bajan.

Tampoco las pequeñas empresas tienen ahora la obligación de tributar cuando solicitan préstamos a la banca.

Una política tributaria basada en simpatías para los sectores con mayor cantidad de votos no es algo que se aplique en otros países, y menos en aquellos donde hay déficit fiscal.

Simpatías y odios: El estilo de manejar la economía se refleja también en el caso Mutún, un proyecto siderúrgico que está detenido durante hace cuatro años por las dudas del gobierno.

Las exportaciones de azúcar y oleaginosas están frenadas por una actitud entre perversa e ineficiente de parte del gobierno, que no ha renunciado a su deseo de perjudicar a la economía cruceña.

Todo este panorama negativo es negado por el gobierno, pero el presidente lo alude concierta frecuencia.

El frente frío de la crisis económica se está aproximando. Y el presidente Morales lo presiente.

Todavía no lo ha identificado como su peor enemigo, pero ya lo hará.

 

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