El gobierno de Evo Morales prefirió romper su imagen de amigo de los indígenas antes que permitir que la marcha del TIPNIS llegue a la ciudad de La Paz, donde las simpatías ya no le favorecen.

Ganar unos días:
El caudillo boliviano que se preciaba de ser líder indígena tuvo que optar por una solución peligrosa pero menos peligrosa que permitir la llegada de los marchistas a una ciudad que suele tener reacciones políticas violentas.

Dejar que la marcha llegue a La Paz equivalía a adelantar el fin de su gobierno, según los nerviosos cálculos hechos en la cúpula del gobierno este fin de semana.

Presidente nervioso: En la tarde del domingo 25, el presidente Morales estaba muy nervioso a tal punto que anunció la realización de un referéndum en Cochabamba y Beni para decir si se hace o no la cuestionada carretera.

Esa propuesta podía haber sido suficiente hace un mes, cuando la marcha comenzaba, pero la simpatía que han ganado los marchistas en todo el país, y sobre todo en La Paz, obligaron al gobierno a hacer otros cálculos.

Nerviosos informes policiales obligaron al presidente a aprobar la intervención violenta de la marcha, con el argumento, esgrimido por el ministro de gobierno, Sacha Llorenti, de aprovechar el impacto de las noticias sobre la participación del Canciller David Choquehuanca.

Cabecilla involuntario: El Canciller habría sido usado como escudo por los marchistas para atravesar una barrera de los colonizadores el sábado 24 y esa versión fue difundida a los cuatro vientos por la red de medios oficiales y amigos del gobierno.

La postura del ministro Llorenti decía que era preciso tomar la medida lo antes posible porque se temía que la población de Caranavi mostrara simpatías con la marcha y sumara miles de jóvenes a la protesta.

La decisión de intervenir la marcha fue tomada por el propio presidente después de enterarse de los preparativos que se estaban organizando en La Paz para recibir a los marchistas.

Paceños decididos:
Las cosas, según esos informes, podían salirse del control del gobierno y los paceños, ya muy molestos con el asedio de los alcaldes masistas de la periferia, estaban decididos a vivir una jornada histórica.

Pero este episodio no ha terminado. Hay muchos indígenas detenidos, otros desaparecidos, de todas las edades, inclusive niños.

El gobierno del presidente Morales vivió este fin de semana las peores horas de su gestión. No le podía haber pasado nada peor.

Ahora, la proximidad de las elecciones para renovar el poder judicial ha quedado sin ningún valor. Para recuperar la imagen perdida este fin de semana el presidente Morales tendría que comenzar de nuevo.

Cerca del vacío:
Todos sus seguidores, todo el aparato político y mediático armado alrededor del presidente quedan ahora muy cerca del vacío.

Los expertos dicen que quien pierde al electorado paceño no tiene esperanzas en la política boliviana. Y eso acaba de pasarle al presidente Morales.

 

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