EEUU volvió a reprobar (descertificar) la política del gobierno de Evo Morales frente a la coca y la cocaína, como lo viene haciendo todos los años desde 2007, y el presidente volvió a negar autoridad a ese país en esa materia.

Bonanza pecadora: Mientras se da este cruce de opiniones opuestas, la coca y la cocaína aumentan su influencia en Bolivia. Si hace diez años mostraron que eran imprescindibles para mantener el delicado equilibrio de la economía, ahora se muestran responsables de una bonanza económica que cada vez más bolivianos degustan, a pesar de la violencia y la inseguridad que acompañan ese negocio.

Estado débil: Hace diez años, cuando era ministro del Interior Guillermo Fortún, quien murió este fin de semana en calidad de preso político, se dio la mayor demostración de que el Estado boliviano era incapaz de controlar la realidad creada por la coca, pues no pudo poner en práctica el Estado de Sitio decretado por Hugo Banzer.

Desde entonces, las cosas han empeorado para Bolivia aunque han mejorado para quienes viven de la coca y sus alcances políticos y económicos. El presidente Morales, líder de quienes cultivan la coca en extensiones “excedentarias” (ilegales) en el Chapare está del lado de la hoja y sus beneficios, como lo demuestra en su política desde 2006.

Conciencia adormecida: Si muchos bolivianos han puesto paños fríos a su conciencia respecto de este tema, en el exterior todavía hay una visión descarnada sobre esta realidad, como lo demuestran las reiteradas descalificaciones que hace EEUU y –lo más importante– la cada vez más severa actitud de Brasil.

Vecino incómodo: Esta descertificación se produce cuando terminan de desmantelarse las instalaciones de la NAS (Narcotics Affairs Section) en Chimoré, tres años después de la expulsión de la DEA (Drugs Enforcement Agency). Y se produce a un mes del ofrecimiento que hizo Brasil de participar en la lucha contra el narcotráfico dentro de territorio boliviano, que fue rechazado por el ministro de Gobierno, Carlos Romero.

El documento de EEUU llega también cuando Brasil acaba de emplazar en su frontera una fuerza militar de 9.000 soldados para frenar el ingreso de la droga boliviana en su territorio y ha exigido que se cumplan los ejercicios de las fuerzas aéreas de los dos países con ese mismo propósito, además de prácticas similares de la Armada brasileña y la Fuerza Naval boliviana.

Demostrable: La descertificación habla del “fracaso demostrable” de la política boliviana frente a la coca y la cocaína y asegura que “Bolivia sigue siendo uno de los mayores productores mundiales de hoja de coca para la cocaína y otras drogas ilegales”.

A esto, el presidente Morales respondió diciendo que EEUU no tiene autoridad para calificar el comportamiento de los países en esta materia, aunque luego fue más allá y dijo que el narcotráfico “es un gran negocio para EEUU”.

El problema es que la droga es un gran negocio para cada vez más bolivianos que están socavando la moral y la ética de las familias.

 

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