Resulta difícil aconsejar a un luchador que ha caído en su ley, como ocurre con el presidente Evo Morales, que en el curso de pocas horas recibió un rotundo fracaso electoral y una sonora derrota política en su forcejeo con los indígenas.

Primeros consejos: Pero a nadie que esté en el poder le faltan los consejeros, que en este caso le han dicho que sería oportuno cambiar a todos los ministros, con lo que estaría sugiriendo que los actuales ministros fueron quines lo llevaron al fracaso.

Pero el presidente Morales necesita consejeros más despiertos, capaces de entender la profundidad de la crisis política en que se encuentra tras estas humillantes derrotas.

Cocaleros desleales: A las pocas horas después de su capitulación frente a los indígenas del TIPNIS y su anuncio de que la carretera proyectada no atravesará el parque, los cocaleros del Chapare levantaron la voz de protesta.

Así quedó en evidencia que el parque era ambicionado por ellos, para que sus hijos puedan ampliar los cultivos aprovechando la nula capacidad del Estado de hacer cumplir las leyes, en este caso la que se preparaba para evitar el ingreso de los cocaleros al parque.

El socio Lula: El gobierno brasileño felicitó a Morales por haber encintrado un escenario de conciliación, pero todavía no se sabe la reacción de la empresa constructora OAS, que tenía todas las máquinas necesarias para destruir el parque cruzándolo con una carretera.

Lo que lleva a otro problema. ¿Qué decirle a Lula da Silva, cuyo yerno es socio de OAS, empresa que habría hecho algunos anticipos de uso político, anticipos ya usados en ambos lados de la frontera?

Para todo esto sería inútil que el presidente Morales hiciera un cambio de gabinete. Al fin y al cabo él manejaba en persona este tema, por su vínculo directo con Lula. Eran negocios personales.

El dilema profundo: Pero hay otro dilema, más profundo todavía para el presidente Morales: ¿Qué hacer con su gobierno?

Estas derrotas llegaron cuando la crisis económica provocada por el descontrolado incremento del gasto corriente está a punto de estallar.

Empresarios impertinentes: La angustia del presidente por esta crisis lo llevó a pedir a las organizaciones sociales que le ayuden a elaborar una nueva agenda de gobierno, pero los únicos que respondieron fueron los empresarios privados.

El ofrecimiento de los empresarios parecería una provocación, pero, si se mira bien, es lo que más necesita el gobierno, pues su mayor angustia es la falta de inversiones.

Un cambio incómodo: Desde los sectores que le ayudaron a elaborar una constitución casi comunista y luego se decepcionaron, las críticas hablan de una traición: se privilegia el “desarrollismo” antes que el “pachamamismo”.

Si hasta ahora esa fue la tendencia del gobierno, ahora tendrá que acentuarla, lo que convertiría a Evo Morales en un político populista que, debido al acelerado proceso de deterioro de sus políticas, cambió de bando.

Claro que un cambio de ese tipo le haría mucho bien al país, pues son muchas las inversiones que están esperando llegar y que no lo hicieron hasta ahora sólo por falta de las leyes que ahora se aprobarían muy aprisa.

 

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