Un famoso programa de humor político de radio Panamericana ideó este fin de semana una escena por la cual los policías se proponían desprestigiar al gobierno mediante actos de violencia de ellos mismos, bien filmados por otros policías, y pasados a los medios.

Imitar a la ficción:
Como ejercicio de ficción de radio la idea estaba bien, pero fue tomada al pie de la letra por el viceministro de coordinación de los movimientos sociales, César Navarro, que la repitió ante el azorado periodismo.

Navarro preguntó cómo podía ser que alguien, que no fuera policía, hubiera filmado esas escenas. El programa Confidencias había ensayado la misma escena, antes que el ministro, con repeticiones enumeradas, como en el cine.

Policía callada: Estas declaraciones de Navarro son el punto más alto del enfrentamiento del gobierno con la policía a propósito de los acontecimientos de Yucumo, el 25 de septiembre. Navarro fue uno de los tantos enviados del gobierno que intentó convencer a los indígenas, en vano. Es un político convencido de ser un buen orador, a pesar de su hablar confuso y deficiente.

Del lado de la policía, por supuesto, los comandantes no dicen una palabra, pero las esposas de los policías se han dado a la tarea de revelar que hay aprestos de rebelión contra las injustas acusaciones del gobierno.

Aclaración precisa: En el balance, los alegatos del gobierno acusando a los policías lo muestran como diciendo que lo único que no quería hacer frente a los indígenas era mandar a reprimirlos, pero todo lo demás que hizo contra ellos estaba bien: acusarlos de ser agentes de EEUU, de ser alquilados por la ONU o las ONG, ser neoliberales del partido de Sánchez de Lozada o de estar organizando un partido político.

El episodio de Yucumo hizo que el gobierno perdiera el control en varios frentes. El propio presidente acusó a tres medios de comunicación, mencionándolos uno por no, de ser enemigos del gobierno: radio Panamericana, la agencia Erbol y el matutino Página Siete.

Guerra de matutinos: El vicepresidente Álvaro García Linera aprovechó la ocasión para perjudicar al matutino Siete Días, que es el rival en la zona sur de La Paz del diario La Razón, comprado en 2009 por capitales venezolanos y controlado ahora por agentes del segundo hombre del país.

Nunca se había visto que un político vinculado al paquete accionario de un matutino tomara ventaja tan oportunista. De esa manera, la palabra del presidente Morales fue aprovechada para perjudicar a un matutino.

Alusiones deshonestas: García Linera hizo alusión a la familia Garafulic, que fue dueña de La Razón y manejó el Lloyd Aéreo Boliviano y ahora forma parte del paquete accionario de Página Siete, un matutino que llegó a pedir disculpas en tres oportunidades por haber repetido la noticia de la agencia oficial ABI sobre la existencia de muertos en la brutal represión de Yucumo. Es un matutino que no ha hecho jamás alguna crítica seria al gobierno de Morales.

 

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