Por primera vez en cinco años y medio de gobierno, el presidente Evo Morales ofreció este 6 de agosto lo que podía llamarse un informe de gestión, incluyendo algunas cifras que le permitieron cerrar el mensaje con la expresión “vamos bien”.

Los errores: Sus fallas fueron de estilo. Morales sigue hablando como jefe del MAS y el único cambio en el estilo fue que ahora decidió no hablar también como jefe de los cocaleros del Chapare (“Sólo me hacen creer que sigo siendo el jefe”).

Los ausentes: Esta vez hizo esfuerzos por llamar a la unidad de los bolivianos para salir adelante, aunque entre los invitados no estaban dos gobernadores electos, uno (el de Tarija) porque debió salir al exilio y otro (el del Beni) porque está arraigado por orden del MAS. Tampoco estuvieron presentes los alcaldes electos de Sucre y Potosí, que fueron destituidos por el MAS, acusados de fallas administrativas. (Un alcalde Yassid Yuin Mamani, de Calamarca, encontrado con dos kilos de cocaína, en cambio, está absuelto).

Medios controlados: Entre los medios de comunicación que cubrieron el acto hubo esta vez mayoría absoluta de corresponsales de medios ya controlados por el gobierno. Un día antes del discurso presidencial era llevado a los tribunales el director del matutino cruceño El Deber, Pedro Rivero, uno de los pocos diarios no controlados por el gobierno.

Vacíos económicos: Al revisar la economía, el mensaje pasó por alto la deuda pública, que está en el nivel más alto de la historia: US$ 10.000MM.

El economista Julio Alvarado comparó estas cifras con el padre de familia que recibe de pronto un salario cinco veces superior pero decide, además, endeudarse como nunca en su vida. Pero los medios de comunicación, de propiedad o amigos, del gobierno decidieron pasar por alto estas fallas.

Se refería Alvarado al hecho de que los ingresos por la exportación de materias primas minerales son tan altos que no solamente compensan la caída de la producción, sino que superan los ingresos por la venta de gas natural, también inflados ahora.

Pesadilla olvidada: Confiado quizá en el control casi absoluto que tiene su gobierno sobre los medios de comunicación, el presidente Morales pasó demasiado deprisa sobre la pesadilla en que se ha convertido el narcotráfico para todos los bolivianos. Sólo dijo que su gobierno estaba reduciendo los cultivos de coca. No aludió al hecho de que los excedentes de producción sólo abastecen al narcotráfico, que ha provocado la llegada de 3.000 mafiosos colombianos en los últimos años. Ni al hecho de que en los días de la semana pasada fueron detenidos tres militantes de Sendero Luminoso del Perú, una organización que ahora sólo sirve de cobertura militar a los cocaleros y fabricantes de cocaína.

Parque indefenso:
Mientras el presidente hablaba en Sucre, los cocaleros del Chapare estaban cumpliendo sus instrucciones de seducir a las mujeres indígenas del parque natural Isiboro-Sécure para que acepten la construcción de una carretera que el excandidato presidencial brasileño José Serra definió como “a rodovía da cocaína”.

 

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