El gobierno de Evo Morales está apostando demasiado en su forcejeo con los indígenas del TIPNIS, porque a estas alturas lo único que podría dejarlo bien parado sería una rendición.

Dos emboscadas: Por el momento, el gobierno sigue aplicando medidas de desdén hacia los indígenas, a quienes les ha preparado una emboscada de parte de los cocaleros de Yucumo, a 350 kilómetros de La Paz.

Pero además les prepara otra emboscada, esta vez estadística: sus ministros del área social han decidido repetir ahora que de las 64 comunidades que viven en el TIPNIS, sólo 15 están en la marcha, por lo que se hará la consulta a todos dentro de dos semanas.

Cálculo diferente: Pero los marchistas siguen avanzando. Saben que a pocos kilómetros de donde se encuentran, un lugar llamado casualmente Emboscada, los esperan belicosos cocaleros para no permitirles el paso.

Los dirigentes de la marcha tienen otro cálculo. Ellos saben que cada día que pasen en el camino hacia La Paz son varios puntos más en la simpatía que tienen en todo el país, y en el exterior.

Sube la crítica: La semana pasada, una encuesta de la cadena de Tv PAT detectó que 85% de los consultados en La Paz, Cochabamba y Santa Cruz critican el hecho de que el presidente Morales no hubiera ido a conversar con los marchistas. Los consultados en la ciudad de El Alto dijeron lo mismo en 78%.

El acontecimiento: El exvocero del presidente Morales, Alex Contreras, conjeturó en una entrevista de radio que si los marchistas llegaran a La Paz, se produciría la más grande manifestación política de los últimos tiempos, de la gente que los apoya.

De todos modos, el presidente Morales quiere derrotar a los marchistas, ya sea en el camino o con el uso de las estadísticas.

Invasión cocalera: Sobre esta postura hay una interpretación muy difundida: el presidente Morales tiene un compromiso con la empresa constructora OAS para ejecutar la obra por el corazón del parque nacional Isiboro-Sécure, compromiso en el que participa también el expresidente brasileño Lula da Silva.

El mismo Contreras dijo que los cocaleros del Chapare, la base política de Morales, han invadido ya el parque y ahora quieren ocuparlo por completo, pues cuando se haga la carretera el daño al parque sería irreversible.

Los caminantes, totalmente desprotegidos y con pocos alimentos, porque las raciones que les envía la gente de todo el país son confiscadas por los masistas, siguen avanzando.

Muchas acusaciones: El gobierno los ha acusado de ser pagados por la ONU, por las ONG Cejis, Fobomade y Lidera, les ha dicho que quieren crear un partido político, que sus dirigentes se emborrachan, que reciben armas enviadas desde Santa Cruz… El gobierno, dice una columna de prensa, está aplicando métodos canallescos contra la marcha.

Si Morales fuera a dar alcance a la marcha y anunciara que ha desistido del proyecto de atravesar el parque con una carretera, sería aplaudido. Pero se nota que entre él y la opinión pública algo se ha roto para siempre.

 

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