Por: Humberto Vacaflor Ganam

Si el señor Henrique Capriles, elegido por los venezolanos para poner fin al reinado del “comandante” Hugo Chávez, ganara las elecciones de hoy, cambiaría muchas cosas en Sudamérica, comenzando por Bolivia.
Sería un molestoso problema contable para nuestro país. Muchas partidas que ingresan a las finanzas públicas quedarían huérfanas.
Si los préstamos de Venezuela Bolivia aumentaron en 1.800% desde que comenzó el gobierno del cocalero Evo Morales, las cifras relacionadas con otro tipo de ayuda quedarían sin justificación.
Dice la ministra de Comunicación, Amanda Dávila, que el programa “Bolivia cambia, Evo cumple” no se financia con recursos de Venezuela, sino con dineros del TGN. Esta admisión ya es una molestia, porque obliga a la burocracia estatal a mostrar partidas en el presupuesto general de la nación, o “plurinacional”, como quizá se llama ahora, los montos correspondientes. Más todavía: les obliga a mostrar cómo y cuándo se gastaron esos recursos, lo que obligaría al parlamento y a la contraloría a hacer un trabajo que no habían hecho y del que no sospechaban, para fiscalizar esos gastos.
El estadio de fútbol que el “comandante” mandó a construir en Oruro en 2008, para el que envió 1,3 millones de dólares, tendría que ser construido. Y, como esa obra, todas las que fueron financiadas con los recursos que con tanta generosidad financió el señor Chávez, y de los cuales nos estamos enterando sólo gracias a Capriles.
¿Qué a va a pasar con la seguridad y la “inteligencia” –asumiendo que ese sea su nombre¬– que rodea los desplazamientos del señor presidente de Bolivia? ¿Quién ordenará cuáles periodistas pueden, y cuáles no, asistir a las conferencias de prensa? ¿Quién fijará el orden de las preguntas?
Si el comandante Chávez dejara de ser presidente de Venezuela, ¿los medios de comunicación bolivianos que fueron comprados con dineros llegados de Caracas volverían a manos de nuestros connacionales?
Y las empresas compradas con dineros llegados de Venezuela, como la ferrovía Oriental, el complejo oleaginoso Gravetal, las aerolíneas en las que esos capitales tienen acciones, los bancos donde se han asentado, ¿quedarían en el aire?
Si el comandante dejara el cargo en Caracas, ¿adonde iría nuestro presidente a pedir consejos? ¿El estilo de oratoria de nuestro presidente tendría que ser cambiado?
Las leyes que vinieron a conculcar la libertad de prensa, ¿serían anuladas? ¿El sistema de intimidación de los medios sería anulado?
Ese es el problema de los cambios, cuando vienen de otras partes. En 1532 llegaron de ultramar unos conquistadores que vinieron a reemplazar a los que habían llegado de Cajamarca unos años antes. Fue todo un problema. El idioma que había sido impuesto por los anteriores conquistadores tuvo que ser cambiado. Los tributos que se pagaban al inca tuvieron que ser pagados al rey. Un imperio por otro.
¿Quién vendrá ahora a reemplazar al comandante? ¿Adonde irá nuestro presidente a informar sobre lo que está haciendo?
A veces, por evitar este tipo de molestias, uno quisiera no cambiar. Pero esto se está haciendo muy pesado. Que venga cualquier cosa.
Vacaflor.obolog.com

 

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