02-09-2011

El 1 de mayo pasado, al informar sobre la muerte de Osama Bin Laden en Pakistán, el servicio de inteligencia norteamericano dio un dato estremecedor, que hace inevitable recordar la novela “1984” de George Orwell.

El operativo para matar al ingeniero experto en demoliciones más famoso delmundo demoró diez años desde que las torres gemelas de Manhattan fueron fundidas con la gasolina de aviación inyectada por aviones de pasajeros usados como misiles.

El escueto informe norteamericano dijo que el operativo había dirigido su atención a la casa donde estaba el terrorista porque en esa casa nadie usaba Internet. Ese es el dato estremecedor.

Orwell había escrito en 1949, un año antes de morir, la novela que, según la precisa definición de mi amigo Luís Pedraza, lo convirtió en el Julio Verne de la política.

Desde la década de los cuarenta, Orwell imaginaba que en el remoto 1984 el mundo viviría la dictadura de un poder político despiadado, donde todos los ciudadanos serían vigilados en todo lo que hacían, incluso dentro de sus casas.

Una de las paredes interiores de las casas estaría cubierta con una pantalla que, al mismo tiempo, tendría cámaras capaces de registrarlo todo. Las viviendas serían pequeñas y resultaría imposible que sus ocupantes escapasen a la mirada de las cámaras. Nadie podía desconectar la pantalla, porque sería descubierto de inmediato por una policía muy eficiente y despiadada.

Es decir que la previsión de Orwell, cuando todavía no existían las computadoras y menos el Internet, imaginaba un mundo en que un sistema electrónico serviría para que el poder político controle a los ciudadanos en nombre del “Gran hermano”, cuya imagen se exhibía en las pantallas, en las calles y en todas partes, con el mensaje de “Big Borther is Watching you”.

La dictadura tenía a los ciudadanos informados acerca de una supuesta guerra que se libraba en los confines delimperio, guerra que insumía todos los recursos de que disponía el Estado. Los apagones de luz eran cosa de todos los días.

La información estaba monopolizada. No existía ni la más mínima esperanza de saber la verdad. Y quienes tuvieran curiosidad por saber lo que realmente ocurría se las tenían que ver con la “policía del pensamiento”, que era la que usaba la información recogida por las pantallas-cámaras en todos los hogares. Los teléfonos estaban controlados.

Los lemas que propalaba el sistema de información de esta dictadura: “Guerra es paz. Libertad es esclavitud. Ignorancia es fortaleza”.

Además de sospechar del Internet, la información de la ejecución de Bin Laden obliga a pensar en lo que ocurre en los países donde hay dictaduras que monopolizan la información.

Los chips que han sido incorporados a las cédulas de identidad por el actual gobierno boliviano no tendrían que preocupar si no fuera que en el cielo habrá un satélite artificial, delprograma “El ojo del cielo” (“is watching you”, te está mirando).

El gran hermano te está mirando. Estamos en guerra con los oligarcas o con el imperio, pero estamos en guerra y el dinero no alcanza para la salud o la educación. La ignorancia es poder.

Estremecedor.

 

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