30-09-2011

Puede ser que estos días sean los últimos del gobierno de Evo Morales. O que no lo sean.

De lo que no hay duda es de la gravedad de la crisis económica que ha creado, una realidad que deberá afrontar quienquiera que maneje el país a partir de ahora.

Ya sea que los marchistas del TIPNIS lleguen a La Paz o no, ya sea que los paceños vuelvan a mostrar sus agallas otra vez, o no, ya sea que la plaza Murillo sea el escenario de nuevas tragedias, o no, la crisis económica tendrá el mismo rostro, de hambre e impaciencia.

Hay una secuencia que se repite en Bolivia sin solución. Los gobiernos ineptos generan frustraciones, que a su vez producen impaciencia, el elemento esencial para la inestabilidad. El resultado es la inestabilidad permanente.

La crisis económica es el logro más sorprendente del gobierno. A pesar de que los ingresos del TGN se multiplicaron por cuatro, un milagrodel que el gobierno es absolutamente inocente, se las ha arreglado para producir el mayor déficit fiscal de la historia.

Sólo el gasto corriente de 2010 es el doble de todo el PIB de 2005. El gasto corriente de 2005 fue de Bs 1.697 millones y en 2010 se multiplicó por veinte, hasta Bs 34.403 millones.

Con este nivel de gasto corriente, cualquier variación podría causar la peor crisis, como lo dijo hace pocos días el responsable de haber hecho creer que todo esto era producto de su genialidad: el ministro Luís Arce Catacora.

Dicen que Arce Catacora quiere dejar el gobierno, por razones obvias. Pero quizá sea todo el gobierno el que quiera levantar las manos y pedir que, por favor, venga alguien capaz de vérselas con esta catástrofe.

La caída del precio del estaño, que se dio unos pocos días, provocó ahogos y angustias en el gobierno que remecieron toda la estructura de Comibol. La paz y la democracia de Bolivia dependen ahora del precio delestaño, de la plata o el gas natural, como ocurrió en gran parte del siglo pasado.

Mientras el gobierno miraba con ojos de espanto la caída del precio de las materias primas, los apagones vinieron a recordar que el país vive en una crisis provocada por la incapacidad del gobierno de tomar previsiones.

No hay electricidad para los hospitales ni para las industrias. No hay gas para nuevas plantas termoeléctricas. ¿Qué se puede hacer?

Cambiar de gobierno, que es el primer impulso boliviano, no resolvería las cosas. Seguir con el estilo ineptodel MAS sólo recuerda que las cosas podrían empeorar todavía más, si eso es posible.

Tampoco es un consuelo ver cómo algunos exmazistas se han pasado a la fila de los críticos, una fila que hasta hace poco era compuesta por dos o tres solitarios, uno de ellos (el mejor) recién fallecido.

Mi temor es que Bolivia se convierta en otra Somalia. Un territorio sin Estado donde pululan mafias de contrabandistas, narcotraficantes, ladrones de minerales, depredadores de bosques y bandas de piratas. Lo único que nos falta es el mar para parecernos a Somalia.

Salvo que los bolivianos decidan otra cosa. Cambio y fuera.

 

 

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