Es tan recargada la agenda noticiosa en el país que algunas noticias quedan postergadas y hasta llegan a ser olvidadas, incluso si son tan importantes que anuncian grandes cambios.

Es el caso de la noticia de la batalla que se dio el 19 de octubre en Santa Rosa, en el TIPNIS, entre la FELCN y narcotraficantes colombianos.

Es cierto: ese día habían llegado a La Paz los heroicos caminantes y el país estaba atento al cariñoso recibimiento que les dieron los paceños.

Pero eso no tendría que ocultar el hecho de que se trató de la primera escaramuza entre policías bolivianos y narcos colombianos en territorio nacional.

Esta noticia vino a confirmar la información de mediados de año, difundida por la revista América Economía, sobre la llegada a Bolivia de 4.000 narcotraficantes colombianos en los últimos tres años.

Que Bolivia se ha convertido en la Meca del narcotráfico lo muestra el hecho de que ahora surgen noticias de la presencia de mafias de México, Colombia o Brasil.

Si son cárteles o no, como lo cuestiona el gobierno nacional, es un detalle sin importancia, aunque sea casi académico: sólo se llama cártel si tiene posibilidad de imponer los precios.

Lo cierto es que ahora hay en Bolivia grupos armados de narcotraficantes, igual que en Colombia, que en Perú o México, o en Afganistán, Pakistán o Somalia. O en Rusia.

Y es la primera vez que se habla en Bolivia de grupos de narcotraficantes que controlan un territorio, o aspiran a hacerlo.

La primera noticia de ese propósito llegó de Yapacaní, donde un dirigente campesino denunció que en el Choré opera una organización colombiana que tiene control territorial.

Se sabe que en Colombia hay territorios controlados por los narcos a través de sus mercenarios, las FARC, o que en Perú Sendero Luminoso opera en el VRAE. En ambos casos estos grupos cobran impuestos a los narcotraficantes, creando una realidad tributaria paralela.

Esta vez la noticia hablaba delTIPNIS, el más famoso parque nacionaldel mundo.

Las versiones fueron más ruidosas que la noticia. Se dijo que la policía había hecho un “regalito” al gobierno, en el momento justo, cuando el presidente Morales estaba decidido a no ceder, incluso con los caminantes instalados en la plaza Murillo.

Y se dijo que una famosa embajada estuvo detrás de la brillante jugada. O que la coordinación con la policía estaba fortalecida con el caso Sanabria.

Nada de eso importa tanto como el hecho de que ahora estemos entrando por primera vez a la existencia de grupos armados que operan en territorio nacional y que emboscan a la policía.

Cuando yo comenzaba en el periodismo se presentó en el país una noticia similar, que sacudió a Bolivia: un grupo armado había aparecido en Ñancahuazu, cerca de Camiri, comandado por un tal Che Guevara.

Por lo tanto, cincuenta años después no quiero dejar de mencionar este nuevo hecho.

Entonces yo hice de enviado especial a la zona por un diario ahora desaparecido. Esta vez me voy a excusar.

Eso sí, entonces el gobierno envió al ejército para combatir al grupo irregular.

 

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