26-08-2011

Si la situación actual fuera un experimento, ha venido a demostrar que la mejor manera de ahuyentar inversiones y perjudicar al país es anunciar que las leyes de la economía serán cambiadas y no cambiarlas nunca.

Eso ha sido comprobado de manera terminante, como se puede observar en todos los sectores de la economía, aunque ahora con mayor dramatismo en el sector energético.

Esta observación ha surgido de las exposiciones hechas en el Cuarto Congreso Internacional Bolivia Gas & Energía organizado por la Cámara Boliviana de Hidrocarburos y Energía.

La frase más expresiva fue pronunciada por el argentino Daniel Montamat: “Antes, Bolivia era un proveedor seguro de gas natural, como lo demostró al no fallar un solo día entre 1972 y 1997 pero ahora no puede cumplir el compromiso de aumentar el volumen a la Argentina”.

Aunque el viceministro de Hidrocarburos, Franklin Mendoza, dijo que esa apreciación de Montamat no es correcta, el ministro José Luís Paredes admitía que en este momento hay un déficit de 5 millones m3/d. Los compromisos de exportación y la demanda interna requieren 51 millones y la producción sólo llega a 46 millones.

En ese panorama de escasez, el gobierno anunciaba que, para superar la insuficiente generación de electricidad se propone instalar de inmediato dos plantas termoeléctricas, lo que ha puesto inquietos a los proveedores ante la posibilidad de vender equipos, sin importarles si habrá o no el gas necesario.

El “shale-gas”, o gas de lutitas y el “tight-gas” o gas de esquistos, las fuentes no convencionales, surgieron como soluciones de emergencia pero “han llegado para quedarse”. El año 2020, Estados Unidos cubrirá 40% de su demanda interna con ese gas, pero mientras tanto está usándolo para la petroquímica, con tanto impulso que la potencia está exportando polietileno de ese origen a precios muy bajos.

Bolivia ha perdido toda esperanza de entrar a la petroquímica, sobre todo si mantiene su muy delicado, o directamente deficitario, equilibrio entre la oferta y la demanda. La urea no es petroquímica, aclaró Decio Oddone, ahora vicepresidente de Braskem.

Para hacer petroquímica hay que considerar el gas como insumo y no como energético. En este momento, esta diferencia se presenta en Bolivia entre el precio de exportación del gas, unos 10 dólares el millón de BTU, y el precio que pagaría la Jindal para la siderurgia, alrededor de 3,20 dólares el millón de BTU, lo que condena a la siderurgia y convierte a la empresa hindú en un socio al que el gobierno no sabe cómo despedir.

En el mercado mundial hay en este momento exceso de oferta de gas, sobre todo por la irrupción del gas no convencional. Ese exceso podría terminar en 2015, pero mientras tanto el precio será bajo.

Los expositores extranjeros remarcaron que las inversiones llegan allí donde hay reglas claras y donde hay garantías de que esas reglas no van a cambiar, por lo menos hasta que hayan recuperado sus inversiones.

Los países que no tienen leyes claras, o que las han sometido a un interminable proceso de revisión, no entran en la competencia.

 

Comments are closed.