08-08-2011

Ahora más que nunca se puede observar que, de veras, el poder político tiene la capacidad de producir tales cambios en las personas que resulta difícil reconocerlas.

Que las mujeres del movimiento feminista, tan expresivas últimamente, se hayan callado ante la orden que dio el presidente Evo Morales a sus valerosos cocaleros de lanzarse a ejercer la seducción masiva del “sexo débil” en el TIPNIS, es algo preocupante.

En cambio, lo que se ha escuchado sobre este tema es el mensaje de las Bartolinas: el líder de los pueblos originarios del planeta no tiene por qué disculparse por haber dado esa orden. Es decir que si las chicas del TIPNIS son seducidas por los vigorosos cocaleros, pues que se las arreglen. Nadie vendrá a socorrerlas, suponiendo que lo desearan.

Es tan grande la seducción del poder que algunos expresidentes llegaron a olvidar que el actual líder indiscutido de los pueblos los llamó en cierto momento “sindicato de corruptos confesos”, y luego aceptaron reunirse con él. Después, él volvió a despreciarlos, como correspondía que hiciera.

¿Es tan grande el encanto del poder?

Hay personas que no han nacido ahora en la política pero que repiten, como máquinas tragamonedas, las consignas sobre la carretera que debe destruir las tierras de los TIPNIS.

Ni siquiera saben cuál es la orden precisa, si hacer de todos modos la carretera o primero dialogar con los indígenas. No entienden si se va a cumplir o no la constitución: lo que saben es que deben repetir la palabra del caudillo.

Si la palabra del caudillo es confusa, o medio cambiante, igual la obedecen. Caminan a tientas, pero la obedecen. Por momentos da la impresión de que el caudillo se divirtiera cambiando de criterio sobre diferentes temas, para ver cómo se las arreglan sus seguidores para explicar sus contradicciones.

¿Es tan grande el pago que reciben o que esperan recibir que son capaces de olvidar sus principios?

Es un espectáculo ver esta demostración de poder, por un lado, y de sumisión, por otro.

 

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