01-11-2011

De pronto, sin que nos demos cuenta, Bolivia ha quedado como país vecino de dos gigantes, uno petrolero y otro gasífero: Brasil y Argentina.

Equivale a que el país hubiera cambiado de ubicación en el mapamundis para colocarse entre Arabia Saudita y Rusia.

Una proyección periodística difundida por la carta informativa Siglo 21 dice que Brasil se convertirá en la cuarta potencia petrolera del mundo.

Mientras tanto, las noticias sobre el yacimiento de gas de lutitas en Argentina revelan que ese país ha superado en reservas a Venezuela y es ahora el primero en Sudamérica.

De todos modos, los contratos obligan a que Bolivia, pese al tamaño reducido de sus reservas, tenga que seguir exportando gas a esos dos gigantes.

En Argentina se ha mencionado la posibilidad de que dentro de cinco años ese país prescinda del gas boliviano, mientras que en Brasil se considera el gas boliviano como materia prima para la petroquímica.

Al mismo tiempo, Brasil anuncia que instalará plantas de licuado de gas natural en las plataformas de explotación del pre-sal, con lo que comenzará a exportar GNL.

Argentina también podrá exportar gas nuevamente, dado que sus reservas de Neuquén contienen 240 TCF.

Por lo tanto, Bolivia necesita revisar sus proyecciones. No es sencillo ser vecino de dos potencias petroleras tan grandes.

Quizá sea oportuno revelar cuáles son las nuevas condiciones creadas para atraer inversiones petroleras, condiciones de las que se habla sólo en voz baja.

No es malo que el país cree condiciones favorables para la llegada de las inversiones. Este comportamiento no tendría que avergonzar al gobierno.

Pero sería bueno hacerlo de frente. Se deberá recordar que el país todavía puede aspirar a exportar gas al norte de Chile y a algunas provincias argentinas.

Habrá que hacerse a la idea de que, de veras, Bolivia tiene fronteras con dos gigantes petroleros de estatura mundial.

 

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