29-08-2011

Un informe de Maria das Graças Foster, directora de energía de Petrobrás, en este momento Brasil cuenta con la provisión segura de 106 millones m3/d de gas natural aunque solamente consume 96 millones.

Argentina no se queda atrás. Consume 125 millones m3/d pero tiene asegurada la provisión de 145 millones provenientes incluso de Bolivia.

En Argentina y Chile, las plantas de regasificación de GNL tienen una capacidad conjunta para importar 45 millones m3/d.

Lejos de aquí, Rusia tiene reservas de gas para atender su propia demanda y los compromisos de exportación durante 65 años.

Parece que algunos países tienen la suerte de contar con gobiernos que tomen previsiones para que no se presenten situaciones como la que vive ahora Bolivia, con un déficit de 5 millones m3/d de gas natural.

Por el momento, el déficit boliviano no puede sino afectar al consumo interno, como se comprueba con la decepción que vive la empresa Jindal Bolivia, que ha entendido el mensaje del gobierno: no hay gas para la siderurgia.

Un mensaje similar recibieron las empresas cementeras, que deben ahora importar los insumos que no pueden producir por falta de energía.

Con un arrebato de honestidad, el gobierno desmanteló la Empresa Boliviana de Industrialización de Hidrocarburos (EBIH), porque sencillamente no hay gas para industrializar.

Las cifras son preocupantes. La demanda interna de gas es de 10 millones m3/d. Y si el déficit es de 5  millones quiere decir que el mercado interno recibirá sólo la mitad del gas que necesita.

Con la noticia que da ahora la señora Forbes en Brasil, se podría hacer la prueba de pedir a ese país que ceda a los bolivianos la mitad de su superávit de gas. Por favor.

Y para el futuro sería bien que los bolivianos elijan a gobernantes que sean capaces de pensar en algo más que en conspiraciones contra todos los que se atreven a contradecirle. O por lo menos con un dedo de frente.

 

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