El gerente General de la estatal, Empresa Minera Huanuni, Vitaliano Ojeda. Aseguró ayer que el precio de equilibrio para la Empresa es de 8,60 dólares la libra fina de estaño, por debajo de esta cotización sería preocupante. Las declaraciones fueron publicadas hoy por El Diario de La Paz.

Ayer el estaño cotizó 8,75 en el London Metal Exchange.

“Nosotros estamos supeditados a la cotización del estaño”, señala Ojeda al indicar que “cuando baja tenemos siempre un problema mayúsculo en cuanto se refiere al flujo económico”, porque para compensar la caída se tiene que aumentar la producción.

Así es, en esta empresa se espera a que el precio baje para vender más, este es una de las diferencias con la empresa privada, que generalmente busca aumentar sus ventas cuando el precio es alto.

Las noticias sobre la mala administración de las empresas mineras en manos estatales siguen llegando.

Según ANF, la Corporación Minera de Bolivia (Comibol) confirmó ayer la postergación de la industrialización del litio para el último trimestre de 2016, debido a la falta de recursos humanos, tecnología y mercados.

La semana pasada el gerente de Recursos Evaporíticos, Luis Alberto Echazú, afirmó que la producción de litio metálico y de baterías de ese metal se postergó hasta 2016 y 2020, respectivamente. “Hay problemas sobre todo en el mercado que todavía no despega, pero en el seguimiento que hemos hecho de la industria las baterías de litio van a arrancar con fuerza después de 2020, eso dicen los estudios de mercado”, señaló Echazú.

Extrañamente nadie más en el sector parece pensar que es el mercado de las baterías lo que está fallando. Ninguna de las empresas que extraen litio de Argentina o de Chile parece haberse enterado de que el mercado de las baterías de litio está con problemas y sus empresas siguen vendiendo litio y sus proyectos de producir baterías marchan según cronograma.

De acuerdo con el cronograma nacional, la planta industrial de cloruro de potasio, en el Salar de Uyuni, en Potosí, debía funcionar en el último trimestre de este año y la de carbonato de litio en similar fecha de 2014.

“La explotación de recursos evaporíticos es una nueva industria, actividad para la cual lamentablemente Bolivia no está preparada; no tenemos recursos humanos ni la tecnología para encarar esta tarea. Las transnacionales nos cobran una gran cantidad de recursos económicos por las transferencias tecnológicas o en definitiva no lo quieren hacer”, dijo ayer el asesor de la estatal minera y ex ministro de minería, José Pimentel.

Durante su intervención, ayer, en un taller sobre normativa y regulación minera, organizado por el Ministerio de Minería, Pimentel cuestionó que ni los operadores privados ni los cooperativistas tengan interés en la industrialización de esos recursos mineralógicos.

“Conocemos claramente dónde están los intereses de las grandes transnacionales: están directamente encadenados con los de los comercializadores y las fundidoras; por eso el único sector que puede llevar adelante la industrialización es el Estado a través de la Comibol”, precisó Pimentel.

La observación es muy certera, aunque la conclusión es dudosa. Son precisamente los comercializadores y las fundidoras las que llevan a cabo las inversiones pues el litio requiere de mucha tecnología y su uso está ligado a uno de los sector de avance tecnológico más rápido que hay.

De hecho las tecnologías las tienen ellos, no se aprenden en la universidad, están siendo desarrolladas por estas empresas.

Es precisamente por esto que si alguien quiere entrar en el mercado se debe acercar a estas empresas. Y es precisamente por eso que el sector estatal de un país, en el que los trabajadores de las empresas estatales no pueden recibir un sueldo superior al del presidente, no puede desarrollar un proyecto de este tipo sin ayuda.

Las empresas mineras del mundo tiene otra interpretación de porque no están dispuestas a venir a invertir en el país y es por la falta de seguridad jurídica.

La aprobación de la nueva ley de minería en el país lleva más de 7 años en retraso. 7 años en los que no sólo la tendencia de los precios de los minerales ha cambiado, si no que los avasallamientos a las minas privadas han aumentado.

 

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