El carnaval termina y Bolivia vuelve a la realidad. En estos días de carnaval, un estudio realizado por el Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA), señala que en siete años (2006-2012) los salarios crecieron solo 10,21%. Además, el Producto Interno Bruto (PIB) creció 33,35%.

Esto “denota un incremento de la explotación del trabajador que, con un salario prácticamente congelado, produjo una cantidad mayor de mercancías”, durante este periodo, señala la institución.

Los festejos del carnaval también distraen al país de otros temas importantes como las cifras de exportación.

Según los datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), las exportaciones disminuyeron en un 15.5% durante el primer mes de este año a comparación de la gestión pasada.

Y mientras en algunas regiones se jugaba con agua, en otras el agua no es un tema con el que se deba jugar. Aunque aun no se declara emergencia, hay zonas inundadas en las que falta agua potable.

El ministro de Defensa, Rubén Saavedra, informó ayer que una comisión binacional de alto nivel de Bolivia y Brasil realizará un estudio “serio” para saber “hasta qué punto” afectaron las megarrepresas construidas en Jirau y San Antonio, cuenca del Río Madeira de Brasil, en las inundaciones que sufrieron varias regiones amazónicas bolivianas.

Mientras se busca un culpable, según Abraham Nogales,  ganadero afiliado a la Federacion de Ganaderos de Beni (Fegabeni), las pérdidas en el sector ganadero provocadas por las inundaciones en el departamento de  Beni  se prolongarán por lo menos en los siguientes dos años, por la mortandad de miles de reses.

El daño al medioambiente o la madre tierra, que son lo mismo, podría ser aún mayor. El Gobierno anunció que autorizará el desmonte de hasta un 10% en áreas de bosques, con el fin de que aquello sirva para refugio y alimentación del ganado,  informó ayer el ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana.

Siglo 21 en su edición de esta semana hace un repaso de las advertencias sobre los posibles efectos de las represas brasileñas sobre el territorio y la economía Nacional.

Hace 25 años el ingeniero Gonzalo Rico hizo las primeras advertencias sobre los riesgos que corría el territorio boliviano si las represas brasileñas sobre el río Madera se construían.

Nadie lo escuchó y ahora, cuando la represa Jiraú ha elevado el nivel del agua en 17 metros en la frontera, la inundación ha ingresado a territorio boliviano, como se podía calcular.

Ahora son Lidema, los pueblos amazónicos, el gobernador de Beni y la opinión pública boliviana que piden alguna explicación, primero, por el descuido boliviano, y luego por la responsabilidad de Brasil.

El canciller brasileño, Luiz Alberto Figueiredo Machado, llegará en los próximos días a Bolivia para hablar del tema pero antes una comisión designada por el gobierno boliviano hará una revisión de las presuntas consecuencias en Pando y Beni.

Aunque el gobierno aun no quiere usar la palabra desastre, el diálogo Bolivia-Brasil será difícil.

Según Siglo 21, el paisaje diplomático de las relaciones de los dos países también está afectado por la peor crisis que dividió a estos vecinos a pesar de que Brasil sea el principal consumidor del gas natural boliviano.

La semana pasada, el parlamento brasileño confirmó lo que todos sospechaban en Brasil y Bolivia: y es que Brasil no dará curso a la designación de un nuevo embajador brasileño en La Paz mientras no se aclaren los incidentes del caso Róger Pinto, el senador boliviano asilado en ese país.

 

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