Los mayoristas de carne se resisten a registrarse en el Régimen General con  el argumento de que no reciben factura por las cabezas de  ganado que compran de los ganaderos ni por los servicios que brindan. La nota fiscal es necesaria  para sus descargos.

El presidente ejecutivo del Servicio de Impuestos Nacionales (SIN), Erik Ariñez, informó  que los intermediarios de carne pueden obtener una factura para sus descargos de al  menos tres fuentes: el transporte aéreo, el terrestre y los mataderos.

Quizá sin darse cuenta, Ariñez ha mencionado un tema que de gran importancia para la economía formal en el país.

El Banco Mundial en su informe sobre la facilidad de hacer negocios en el mundo desde hace varios años califica al sistema de impuestos de Bolivia como el más complicado y difícil de pagar en el mundo.

No es que en Bolivia se paguen los impuestos más altos del mundo, hay muchos países donde se paga más, el problema es que es muy difícil y complicado.

Una empresa mediana promedio debe hacer más de 40 pagos anuales y los documentos que se deben preparar y presentar para los descargos requieren de más de mil horas de trabajo, son seis meses de trabajo a tiempo completo sólo para tramites, y esto sólo para una empresa mediana.

Ariñez entonces, como representante del peor sistema de impuestos del planeta está tratando de convencer a los carniceros mayoristas que deben pagar impuestos cuando casi nadie más en el sector los paga.

Lo difícil que es pagar impuestos en el país es un incentivo a la informalidad que según el ministro de economía representa a más del 70% de los trabajadores del país. Bajo esta lógica parecería que cualquier ayuda al sector informal es una ayuda a la gran mayoría de trabajadores.

Sin embargo, este no es el caso. Los trabajadores informales trabajan bajo condiciones que no son comparables con el sector formal. No tienen los mismos derechos, no reciben aguinaldo, menos aún doble aguinaldo.

Los informales tampoco reciben el salario mínimo, ni tienen aportes al sistema de jubilación, pueden ser despedidos de un momento a otro, y una serie de otras desventajas.

Los carniceros mayoristas están en un dilema pues se les exige que se acojan al peor sistema de impuestos del planeta y naturalmente tienen muchos argumentos a su favor.

El sistema de impuestos por su lado tiene la difícil tarea de tratar de obligar a los carniceros a dar factura lo que los pone en una situación de desventaja ante los sectores informales. E inclusive ante sus proveedores y también sus clientes que no entregan factura.

El conflicto es representativo de muchos otros sectores de contribuyentes que enfrentan las dificultades de pertenecer al sistema de impuestos más complicado, pero también la competencia del sector informal.

Según Siglo 21, un reciente informe del FMI sobre los obstáculos al crecimiento de las empresas en Bolivia es precisamente la competencia desleal del sector informal.

Mientras más grande la empresa, mayor es el perjuicio de la competencia del sector informal. Casualmente mientras más grades las empresas mejores son las condiciones de sus trabajadores.

El incentivo a la formalidad es también un incentivo al empleo digno.

Es una paradoja para el sistema de impuestos de Bolivia que resulta siendo un incentivo a la informalidad.

 

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