La construcción de la planta de Karachipampa fue autorizada en 1976 durante la dictadura de Hugo Banzer Suárez. Las obras fueron concluidas en 1984 durante la presidencia de Hernán Siles Suazo, es decir, 30 años atrás, de acuerdo a información de la Corporación Minera de Bolivia.

La fundición es un ejemplo de todo lo malo de la administración estatal de empresas. En primer lugar está el sobreprecio y las denuncias de negociados al momento de su primera conceptualización en los 1970s.

Luego está el hecho de que, según varios expertos, la planta tiene una capacidad que excede la producción de mineral del país. Es decir es que la maquinaria fue elegida de forma equivocada en su época.

Los dos primeros factores son la razón por la que Karachipampa ha sido un sinónimo de elefante blanco en Bolivia durante ya casi dos generaciones.

Casi todos los gobiernos desde hace treinta años han tratado de reactivar el proyecto hasta que eventualmente se vendió la fundición.

Ahora, cuarenta años después de su concepción, cuando por definición la fundición usa tecnología obsoleta, el gobierno actual ha vuelto a inyectar enormes cantidades de dinero del Estado para echar a andar Karachipamapa.

Y según los anuncios, que casualmente llegan en época electoral, finalmente se ha logrado producir un lingote de plomo en la vieja fundición.

Al parecer lo que no se ha logrado es eliminar el escepticismo sobre la planta.

Según El Diario de La Paz: el ministro de minería Cesar Navarro enfatizó ayer que el Gobierno no va a jugar con el interés de Potosí ni de Bolivia y “en ningún momento se va a engañar sobre el funcionamiento de Karachipampa”, apuntó.

Las declaraciones del ministro son en respuesta a denuncias que parece preocupar al ministerio de minería lo suficiente como para negarlas.

Resulta que un grupo de cívicos potosinos, Los dirigentes del Comité Cívico Potosinista (Comcipo) solicitaron participar de una inspección a la Metalúrgica con la finalidad de verificar su funcionamiento y si se garantiza la alimentación de carga.

Las interrogantes son varias. Por un lado quieren saber si hay suficiente mineral disponible en Bolivia como para abastecer el funcionamiento de Karachipampa por más de tres meses o si tendremos que importar mineral para evitar un nuevo cierre de la planta.

Según la nota de prensa: “El representante de Comcipo sostuvo que con la inspección busca conocer la verdad, pues existen versiones en sentido de que la planta no está funcionando de acuerdo con su capacidad e incluso se cuestiona sobre el origen de los lingotes de plomo presentados en pasados días”.

Presuntamente, los cívicos denunciaron hace algunos días que los lingotes no habían sido producidos en Karachipamapa si no que habían sido importados del Perú. Es importante aclarar que esto no se ha constatado. De hecho los cívicos buscan precisamente constatar el origen de los lingotes, pero no se les ha dado acceso a la planta.

Mientras tanto, El ministro de Minería, César Navarro, informó esta semana sobre la intención del Gobierno de incrementar el número de trabajadores para la planta metalúrgica de Karachipampa. Aunque no les ofreció empleos directamente a los cívicos potosinistas.

Está idea también ha sido cuestionada dados los malos resultados de la sobre contratación de personal en Huanuni donde la planilla paso de 700 trabajadores a casi 5000 con lo que no se ha logrado tanto un aumento en la producción como un aumento en el costo de producción que ha convertido a la empresa en deficitaria.

 

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