Bolivia es el último de la región según el Índice de Disposición a la Conectividad del Informe Global de Tecnología de la Información 2014”, del Foro Económico Mundial que mide acceso a ancho de banda y conectividad y la asimilación general de la tecnología.

Bolivia está en el puesto 120 de 147 países a nivel mundial. Chile (35), Uruguay (56) y Colombia (63) encabezan la lista regional.

Bolivia está en el puesto 120 es penúltima en el continente, como en corrupción, sólo Haití está peor.

Este tipo de retrasos afectan directamente a la economía y la calidad del empleo. Esta brecha que se abre entre países también se repite dentro de los países.

Un estudio sobre la economía en México realizado por el McKinsey Global Institute (MGI) identificó recientemente una brecha en el desempeño económico de las empresas grandes y las chicas del país que se repite en el resto del mundo en desarrollo. Es la brecha de la productividad de los trabajadores.

Entre 1999 y 2009 la productividad laboral en las empresas grandes con 500 ó más empleados en México creció en 5,8% anual. Mientras que en las empresas pequeñas con 10 ó menos empleados la productividad cayó en 6,5% anual.

Lo que hace que esto sea un problema mayor es que en el mismo periodo las empresas pequeñas pasaron de emplear a 39% de los trabajadores del país a 42%. Sin importar cuando crezca el sector empresarial, la economía del país fue frenada por el pobre desempeño de las empresas pequeñas e informales.

El investigador Dani Rodrik, del Instituto de Estudios Avanzados de Princeton en EEUU, lo que debe preocupar es que en muchos países estos sectores informales poco productivos están creciendo en número de empleados, empleados que desperdician su potencial.

Mientras en Bolivia se da incentivos a la informalidad y se castiga a la formalidad.

 

Rodrik asegura que esto es lo que ahora se llama un periodo de desindustrialización prematura en América Latina, África e inclusive Asia. Los jóvenes llegan del campo a las ciudades y encuentran cada vez menos oportunidades en el sector altamente productivo y en cambio son empleados en sectores informales.

Para Rodrik, hay dos formas de salir de esta desindustrialización: una es permitir que las pequeñas empresas crezcan y entren en a la formalidad y hacerse más productivas. Esto requiere retirar barreras, para sectores que generalmente no tienen acceso a servicios como acceso a financiamiento y mercados. Otro problema para el sector es que los administradores y trabajadores suelen tener bajos niveles de calificación y educación. Y aunque muchos gobiernos invierten en empoderar a sus sectores informales, los casos de éxito son pocos.

La otra forma de evitar la desindustrialización es por supuesto la de apoyar a las empresas modernas legalmente establecidas para que puedan expandirse y empezar a emplear a los trabajadores que de otra forma terminarían engrosando las filas de la informalidad y el subempleo.

Según un estudio del London School of Economics, en países en desarrollo los negocios formales exitosos que empezaron como pequeños emprendimientos informales son los menos.

En general son las empresas que empiezan relativamente grandes y están dirigidas por empresarios de sectores más avanzados y con más conocimientos de la economía y el mercado las que logran los mayores avances en productividad.

“Los gobiernos deben poner atención a los incentives que dan a la formalidad y los sectores más modernos de la economía”, insiste Rodrik.

Ofrecer mejores condiciones laborales al 79% de los trabajadores de Bolivia que pertenecen al sector informal sería una mejor propuesta económica y electoral, que brindar más beneficios a los empleadores del sector informal.

 

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