El Niño 2015-2016 se perfila como uno de los peores desde que se tienen registros.

El fenómeno que eleva el nivel del agua caliente en el pacífico y cambia las condiciones climáticas en todo el planeta tiene efectos muy visibles en la economía de los países productores de alimentos y el mercado se encarga de llevar estas consecuencias a los países consumidores de productos agrícolas.

En Bolivia, por nuestra diversidad topográfica, las repercusiones van desde sequias hasta inundaciones.

El fenómeno se presenta cuando la producción agrícola de Bolivia tiene muchos otros problemas.

En los primeros diez meses del año las exportaciones del sector agrícola del país cayeron en 25% en valor con respecto al mismo periodo de 2014. La cifra no es despreciable y es alarmante en algunos productos específicos como la soja cuyas exportaciones cayeron en 32,96% según las más recientes cifras del INE.

Los precios están bajando a nivel mundial. Según el Índice de precios de los alimentos de la FAO (la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), con datos a noviembre 2015, con excepción de los precios del azúcar, que aumentaron por tercer mes consecutivo, los precios de los demás productos básicos alimenticios disminuyeron bajo la presión de un dólar fuerte y suministros en general abundantes. En comparación con noviembre de 2014, el índice de precios de los alimentos de la FAO mostró una reducción de 18%.

A nivel regional Bolivia enfrenta competencia muy dura cuando se trata de productos agrícolas. En los últimos meses, Colombia y Chile devaluaron sus monedas en 27,3%, 15% respectivamente. A estos se suma ahora Argentina con una devaluación de 30% en un solo día. Cuando levantaron el cepo cambiario.

Bolivia, que en términos prácticos, está casi en las mismas que Ecuador que usa el dólar como moneda. Por lo que nuestros productos son más caros en el mercado internacional.

El agro ha estado pidiendo ayuda desde antes de la llegada de El Niño. Piden liberación de las exportaciones, aún hay productos que los productores bolivianos tienen prohibido exportar.

Otro pedido del agro es que se les permita usar semillas transgénicas y también l respeto a la propiedad y que se frenen los avasallamientos.

El niño ha llegado a poner una presión adicional. El verano pasado, las inundaciones por la construcción de represas en territorio Brasileño resultaron en miles de cabezas de ganado pérdidas al igual que  otros cultivos del lugar.

La presión sobre los productores de alimentos en el país llega ahora también del contrabando de los países vecinos que tras sus devaluaciones no sólo compiten en precios con los productos bolivianos en el resto del mundo, sino que ahora inundan nuestros mercados internos.

Con este panorama una política clara sobre los incentivos a la producción se hace cada vez más urgente.

 

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