El presidente Evo Morales viajó muy aprisa a Buenos Aires para pedir a Cristina de Kirchner que siga comprando gas natural boliviano, pero no fue recibido por la señora.

Algo se ha roto en las relaciones entre Morales y la señora Kirchner desde el 2 de octubre, cuando el presidente boliviano amenazó públicamente a la empresa argentina PAE con nacionalizarla si persistía en el juicio por el que pide una indemnización de US$ 1.490 millones.

El consorcio Argentino quiere los casi US$1.500MM como indemnización por haber sido excluida de YPFB Chaco donde tenía una participación del 50%.

Los acontecimientos tuvieron una secuencia vertiginosa a partir de ese momento. Al cerrar un encuentro sobre petróleo y gas en Buenos Aires, el 11 de octubre, el secretario de energía Daniel Cameron anunció, de repente, sin que hubiera mediado otra razón, que Argentina había decidido prescindir del gas boliviano de manera gradual a partir del año 2015.

Era una respuesta muy evidente a la amenaza del presidente Morales.

Funcionarios de YPFB dijeron que todo estaba listo para aumentar las exportaciones hacia Argentina y que sólo faltana que se país construya el ducto faltante.

El anuncio de Cameron estaba descartando claramente la posibilidad de que Argentina construya el ducto que le costaría US$ 1.000 millones para poder recibir hasta 27,7 millones m3/d de gas boliviano.

Fue cuando el presidente Morales decidió presentarse en Buenos Aires para hacer una gestión urgente, sabiendo que la señora Kirchner estaba convaleciente de una operación en el cráneo.

La presión Argentina ha sido muy efectiva. Según el ministro de Hidrocarburos, Juan José Sosa, el Gobierno planteó una propuesta final a PAE. Hoy, a decir de Sosa, se sostendrá una reunión técnica en Santa Cruz para resolver el tema lo antes posible, según el anuncio el asunto se resuleve antes de fin de mes.

La nerviosa gestión del presidente para que Bolivia siga vendiendo gas a Argentina se produjo, por esas casualidades de la vida, en el aniversario de la “guerra del gas”, con la que miles de alteños exigieron que el gas natural sea para los bolivianos, y no para exportarlo.

Pero, que Argentina decida reducir las importaciones de gas boliviano no son necesariamente malas noticias para los Bolivianos. Al menos no para los bolivianos que necesitan gas pero no lo reciben porque este es para exportación.

El caso más evidente es el del hierro del Mutún, un proyecto de este gobierno firmado en 2007 que fracasó porque Bolivia no estaba dispuesta brindar el gas boliviano para producir acero boliviano.

Otro aso es el del cemento. El ministro de Obras Públicas, Servicios y Vivienda, Vladimir Sánchez, anunció que se importará cemento para cubrir la demanda. Sánchez aseguró que el Gobierno ha tomado todas las previsiones posibles para el abastecimiento de cemento, ahora que se aproxima la época alta de su consumo.

Pero esto no es estrictamente cierto una de las previsiones posibles sería aumentar la producción de cemento de Bolivia y esto no se hace porque falta gas natural para tres empresas nacionales de cemento que ya tienen asegurados más de US$ 300MM para empezar a producir cemento en Santa Cruz en el momento en el que se les asegure que tendrán gas para sus hornos.

En el caso del acero, se ha optado por importar carbón y seguir importando acero porque no hay gas para los bolivianos y en el caso del cemento se está optando por importar cemento porque no hay gas para los bolivianos.

 

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