Una noticia que podría tener repercusiones muy fuertes en Bolivia es que Argentina podría cerrar sus exportaciones de harina de trigo.

La importación de harina de trigo de Bolivia ha aumentado de unos US$33MM en 2006 a US$88MM el año pasado, un incremento de 265%. En Toneladas pasamos de importar 157.000T en 2006 a 225.000T en 2012.

En términos generales esto demuestra algo que la FAO viene diciendo desde hace mucho y que la historia universal viene mostrando con estadísticas desde el año 300.

Y es que las políticas de control de precios y prohibición de las exportaciones no funcionan. La FAO, de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, lo pone en términos muy diplomáticos y explica que “El efecto neto de las prohibiciones a la exportación es desalentar la producción del bien y agravar su escasez en el futuro,”.

En Argentina como resultados de la falta de seguridad jurídica y las amenazas a los exportadores de trigo, la producción ha caído tal como lo indica la FAO.

Según Ricardo Roa, que escribe en el Clarín de Buenos Aires, “los productores terminaron por perder interés en el trigo. El resultado fue un área sembrada que es la más baja en cien años: sí, en un siglo. Le siguieron, naturalmente, un bajón en la cosecha, la escasez de harina y un salto en el precio del 150%”.

A nivel mundial desde 2006 el precio internacional del trigo subió menos de 50%.

Para Argentina el tema es muy serio, no sólo por lo que significa para la población el hecho de que el pan sea cada día más caro, sino que el tema tiene un componente histórico y político.

Un embarque de trigo contratado con Uruguay fue frenado por las autoridades porque sería simplemente impensable desde el punto de vista político que Argentina se convierta en un importador de trigo.

En Bolivia la situación es diferente. No es impensable que Bolivia importe trigo harina, de hecho la realidad es todo lo contrario. Pero lo que pasa con Argentina con la prohibición a las exportaciones de trigo es un ejemplo de una política económica errónea llevada a su extremo.

En Bolivia las exportaciones de oleaginosas y cereales están bajo amenaza por las prohibiciones y por la burocracia que hace imposible la exportación aun cuando se supone que no está prohibida.

La producción está también bajo amenaza de los avasalladores, que es el nombre que en Bolivia se les da a los asaltantes de predios productivos, ya sea en el agro o en la minería.

Otra amenaza es el control de los precios internos. Y aquí es donde convergen las medidas de Argentina y de Bolivia. Porque el propósito final de las medidas era el de reducir el precio de los productos para los ciudadanos de cada país.

El resultado en el caso de ambos países ha sido un aumento en el precio del pan. En Bolivia el precio del pan en la tienda se mantiene congelado pero el hecho de que la Empresa de Apoyo a la Producción de Alimentos (Emapa) importe trigo de Estados Unidos para cubrir 80% de la demanda; significa que el Estado boliviano, es decir todos los bolivianos, estamos pagando por el pan.

Lo preocupante es ver el resultado que ha tenido esta política económica en un país como Argentina que ha sido históricamente un gran productor de trigo. Si en seis años de aplicar las políticas de amedrentamiento a los productores de Argentina se ha logrado convertir a ese país en importador de trigo, que se puede esperar que pase en Bolivia que es históricamente un importador de trigo.

En los países donde se dan incentivos a la exportación el precio está cayendo, el precio en EEUU ha caído en 24% desde hace un año. EEUU abastece de trigo países como Cuba (75% del consumo interno), Venezuela (40%), Bolivia y ahora podría abastecer también a Argentina.

 

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