Mientras el informe sobre la coca acapara la atención de la población, hay un tema que está pasando inadvertido y es el tema de la relación entre el hambre y la coca.

Tradicionalmente se sabe que la coca ayuda a distraer al hambre, pero no es alimento. Las cifras de la FAO aseguran que 20% de los niños de Bolivia sufren de desnutrición, es decir que no se alimentan de forma correcta.

Las implicaciones económicas son considerables. Se ha establecido científicamente que la desnutrición infantil lleva a deficiencias en aprendizaje y a empleos menos remunerados cuando estos niños llegan a ser adultos.

El Canciller Choquehuanca alguna vez sugirió que los niños de Bolivia consuman coca en lugar de leche o que reciban coca en el desayuno escolar. En términos de resolver el problema de la desnutrición en Bolivia esto no ayuda.

Si son ciertos los datos del último censo, cuatro de los  10 millones de habitantes en Bolivia son menores  de 15 años. De cada cinco, uno sufre de desnutrición y por lo tanto tiene un futuro laboral con menores posibilidades que los demás.

El tema de la coca está relacionado porque en las tierras donde se produce coca también se podría producir alimentos para combatir la desnutrición.

La discusión actual sobre la coca está basada en cuantas hectáreas son necesarias para el acullico que es sagrado, pero implica también que el uso de esta droga natural es más sagrado que el hambre de los niños.

La producción de alimentos en Bolivia ya tiene demasiadas trabas y obstáculos como para tener que competir con un producto codiciado por narcotraficantes con recursos ilimitados y un sector productivo que los provee de materia prima sin pagar impuestos ni cuidar la tierra.

Es tan bueno el negocio que hasta se avasallan parques nacionales y se mata a policías para seguir produciendo coca.

Y esto nos lleva al otro problema que enfrenta la producción de alimentos en Bolivia que son los avasallamientos y o asaltos a las tierras productivas. Esto quiere decir que es cada vez más riesgoso dedicarse a producir alimentos en el país.

El riesgo es que si compras un tractor te lo roben los asaltantes, si plantas una hectárea de soya, lleguen los asaltantes justo para la cosecha y lo pierdas todo. En resumen no se hace atractivo invertir en el agro.

En cuanto a los avasallamientos cada día hay nuevas denuncias. Hoy El Día de Santa Cruz asegura que: El alcalde del San José de Chiquitos, Germaín Caballero  y el dirigente del Comité Cívico Provincial, Samuel Cruz, denunciaron que el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) es supuesto cómplice  de los campesinos asentados en predios privados y tierras comunitarias. “Están en complicidad porque ellos han entregado títulos de propiedad a estas personas, sin importarles el estudio del  suelo”, señaló el alcalde Caballero.

El alcalde Chiquitano manifestó que el pasado mes de septiembre enviaron una carta a la Ministra de Desarrollo Productivo, Nemesia Achacollo, informando sobre los avasallamientos en las propiedades privadas y áreas protegidas; y hasta ahora no han tenido respuesta. El alcalde sugiere que dado que los avasalladores llevan banderas del MAS, habría una complicidad con las autoridades.

Los cocaleros y los avasalladores no son el único desincentivo a la producción de alimentos en el país, también está la prohibición a las exportaciones, nótese que la coca y su producto estrella la cocaína no paga impuestos y tiene mecanismos de exportación independientes.

Ahora los empresarios, incluyendo a los productores agrícolas bolivianos piden una ley de inversión. El optimismo es un recurso ilimitado.

 

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