El precio de la soja en el mercado internacional tuvo un muy mal inicio del mes de febrero. Y ha perdido 3,2% de su valor en los primeros 14 días. Los productores nacionales, naturalmente están preocupados.

Sin embargo en el sector agrícola en Bolivia los precios internacionales son sólo una de las preocupaciones para los productores.

La Federación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de las Cuatro Provincias del Norte de Santa Cruz, le ha pedido al Gobierno regule el precio de la soya en el mercado interno. Naturalmente este pedido ha sido rechazado por los productores agroindustriales, quienes indican que es el mercado el que tiene que regular los precios.

Wilfredo Rojas, presidente de la Cámara de Exportadores de Santa Cruz (Cadex), dijo que en el pasado hay malas experiencias con el tema de regulación de precios y puso como ejemplo a la industria algodonera, que tuvo que cerrar sus puertas debido a la decisión del Gobierno de la época de regular el precio del algodón.

Según el deber de Santa Cruz, el presidente de la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (Anapo), Demetrio Pérez, coincidió con este criterio y reconoció que los productores están recibiendo precios bajos por la soya; dijo que la solución pasa por la liberación de las exportaciones y la apertura de nuevos mercados, eso permitirá pagar precios internacionales.

Los productores tienen buenas razones para estar preocupados. Hay una lista de productos cuya exportación está prohibida en Bolivia bajo la premisa de que se quiere abastecer el mercado interno. Esto por si solo es un problema para los productores. Pero además viene acompañado de controles de precios en el mercado interno.

Para los productores esto quiere decir no sólo que no pueden llevar sus productos a los mercados internacionales sino que deben venderlos en Bolivia a un menor precio. Desde el punto de vista de los consumidores esta podría parecer una buena idea que resulta en precios más accesibles. Pero en el largo plazo es una receta para el desastre.

Los productores al no poder llegar a los mercados internacionales optan por no producir. No es que dejan de trabajar, sino que buscan productos alternativos para cultivar. Esto resulta en menor producción.

Por si fuera poco, el estado a través de la Empresa de Apoyo a la Producción de Alimentos (Emapa) tiene que importar productos para abastecer el mercado interno.

Los productores se han quejado en el pasado de que esto es una competencia desleal. Resulta que Emapa, para importar debe comprar trigo, por dar un ejemplo. Esta compra la hace a precios del mercado internacional. No puede obligar a los productores extranjeros a vender a un precio menor.

Y aquí viene lo desleal, debe vender el producto en el mercado interno a un precio menor. Es decir que este producto importado compite con la producción nacional, pero para poder competir, el Estado boliviano, asume una pérdida. Es una subvención a los productores extranjeros; se usa dinero de los bolivianos para ayudar a los productores de otros países en perjuicio de los productores nacionales.

Esta es la competencia desleal a la que se refieren los productores. Sería mucho más eficiente, sin mencionar lógico, que el Estado Boliviano les compre a los productores nacionales a precio de mercado internacional para vender al público a un menor precio. Al menos así la subvención sería para los productores nacionales.

Algo parecido pasa con los hidrocarburos La producción de gasolina en el país no es rentable porque el precio de venta no está relacionado al precio del mercado internacional. Esto resulta en que YPFB debe importar combustibles caros para venderlos más baratos dentro del país.

Este año YPFB ha calculado que gastara US$1.300MM en estas importaciones. La paradoja es que si se les pagara a las empresas que operan en Bolivia el mismo precio que a la empresa venezolanas por su gasolina, Bolivia no tendría que importar gasolina.

 

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