La falta de alimentos está haciendo noticias en algunos países de la región.
En el primer trimestre de este año la producción de alimentos ha caído dramáticamente en Cuba. Y a pesar de las reformas y la parcial privatización experimental de la producción Cuba sigue importando alrededor de 80% de los alimentos que se consumen en la isla, unos US$ 1.500MM anuales.
La mayor parte de estos alimentos llegan desde EEUU, que a pesar del embargo tiene una ley, que desde 2000, permite a los agricultores estadounidenses, exporta a Cuba sólo bajo contratos con pago en efectivo.
Según la ONE, la Oficina Nacional de Estadísticas de Cuba, en lo que va de este año la producción agrícola ha caído, la producción de plátanos cayó en 44,2%, de papa en 36%, de otros tubérculos cayó en 58,4%. La producción de cítricos cayó 33,9%, la de maíz cayó en 22,5%.
No todas son malas noticias, la producción de azúcar finalmente está aumentando, la producción de arroz aumentó en 2,5%, el ganado aumentó en 16,8%, aunque la producción de lácteos cayó en 19%
Otro país de la región donde el tema de los alimentos está haciendo crisis es Venezuela.
Venezuela depende de sus petrodólares para la importación de 70% de los alimentos que se consumen en el país. El año pasado Venezuela gastó US$8.000MM en importaciones de alimentos. US$1.700MM de estos fueron importaciones de EEUU.
Las razones por las que faltan los alimentos en Venezuela son lamentablemente familiares para los bolivianos.
La producción ha sido desgastada por años de congelamiento de precios, falta de fertilizantes, pesticidas y maquinaria, y amenazas de expropiación de tierras; en el caso venezolano son expropiaciones estatales.
Según un catedrático de economía venezolano especializado en agricultura citado por el WSJ, una difícil y ardua búsqueda de datos oficiales muestra que entre 2004 y 2012 la producción de maíz en Venezuela cayó en 25%, la producción de arroz en 34% y de ganado en 27%.
En el caso de Venezuela, el gobierno de Maduro ha decidido dejar de importar directamente alimentos y en su lugar ha permitido la importación de parte de privados, aunque insiste en mantener control sobre los pecios internos.
En Bolivia la figura es parecida. Como en Cuba y Venezuela, los precios de los alimentos como el maíz, la soja pan, etcétera son controlados por el Estado.
Como en Venezuela, y en Cuba, la solución es la importación de alimentos desde EEUU, lo que refuerza aquello de que el socialismo del siglo XXI se moriría de hambre si no fuera por EEUU.
Ayer se aprobó el Decreto Supremo 1608, que dispone la libre importación, es decir, sin pago de aranceles, de trigo y harina desde Estados Unidos durante 180 días.
Según el viceministro de Micro y Pequeña Empresa, Martín Bazurco, “Con la medida permitiremos que tanto el trigo como la harina provenientes de otros mercados, fundamentalmente de EEUU, pueda ingresar al país con arancel cero para que baje el precio del producto en el mercado interno y evitar así el alza del precio del pan”.
La producción nacional tiene varios factores en su contra, muy parecidos a los que llevan a Venezuela a importar US$8.000MM anuales en alimentos. Los pecios no son fijados por el mercado y el control es más estricto cuando se trata de la producción nacional que de las importaciones o el contrabando.
Otro factor es la falta de fertilizantes pero uno de los más importantes es el de la falta de seguridad jurídica. Los avasallamientos de tierras productivas en Santa Cruz siguen sumando y según el último recuento de ya son 85 áreas de producción asaltadas.
Esperemos que las similitudes con Cuba y Venezuela terminen con las millonarias importaciones de alimentos de EEUU y no lleguemos a la hambruna.

 

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